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martes, 8 de julio de 2014

LOS HEREJES DE OXFORD - S. J. Parris

La controversia, lamento decirlo, no fue precisamente un éxito para mí, y no pretendo aburrir al lector con más detalles de la misma. Baste decir que prosiguió de la misma manera y que el rector Underhill se limitó a presentar los mismos y gastados argumentos a favor de Aristóteles sin aportar más prueba científica que la autoridad escolástica a la hora de situar la Tierra como el centro fijo del universo, como si la autoridad nunca hubiera estado equivocada. En un momento dado, incluso llegó a sugerir que Copérnico nunca había pretendido que su teoría fuera interpretada de forma literal, sino que la había desarrollado exclusivamente como una metáfora pensada para facilitar el cálculo matemático. Todos esos argumentos, yo los había escuchado y refutado anteriormente en numerosas ocasiones y en mejor compañía que aquella; pero esa tarde no se me concedió la menor oportunidad, puesto que el principal objetivo de Underhill no fue convencer al público de la superioridad de sus argumentos (muchos de los presentes compartían sus opiniones y no se dignaron escucharme), sino ridiculizarme y convertirme en objeto del escarnio de sus colegas. Esa, según parecía, era la idea que tenían de la diversión. Además, los modales del público resultaron tan lamentables que este pasó la mayor parte del tiempo parloteando en voz alta y haciendo comentarios mientras Underhill y yo seguíamos con nuestra exposición. Me hallaba a medio exponer un apasionado argumento en el que intervenían complejos cálculos matemáticos cuando fui interrumpido por un alarmante ruido que se parecía mucho al gruñido de un perro furioso. Dada mi natural sensibilidad a semejantes sonidos, tras los incidentes de aquella madrugada, me sobresalté visiblemente y me di la vuelta para descubrir que se trataba en realidad de los sonoros ronquidos del palatino. Me recobré, pero para entonces mi exposición se había visto seriamente perjudicada. Momentos después, un estudiante organizó un verdadero barullo cuando se abrió paso entre las hileras de asientos de los profesores para avisar a uno de ellos. Resultó que buscaba al doctor Coverdale, quien, respondiendo a la llamada, abandonó de inmediato su asiento en mitad de la fila mientras se disculpaba teatralmente con todos aquellos que lo separaban de la puerta y que se vieron obligados a levantarse para dejarlo pasar. No había esperado que Coverdale mostrara la menor contención a mi favor, pero me sorprendió que se comportara con semejante falta de cortesía hacia su rector como para levantarse en mitad del debate.

Proseguimos a duras penas hasta un final que no tuvo el menor parecido con unas conclusiones. Presenté mis propios y complejos cálculos para dar razón de los diferentes diámetros de la Luna, la Tierra y el Sol, en unos términos que hasta un idiota habría comprendido; y, como toda respuesta, Underhill se limitó a repetir los viejos errores escolásticos propios de todos aquellos que confunden la ciencia con la teología y creen que las Sagradas Escrituras constituyen la última palabra en materia de investigación científica. También mencionó con frecuencia mi condición de extranjero, dando a entender que implicaba una inteligencia inferior; y no se mordió la lengua a la hora de comentar que Copérnico también era extranjero y que, por lo tanto, no podía esperarse que demostrara la misma firmeza de razonamiento que un inglés, olvidando así que aquel debate se celebraba en honor del palatino, compatriota del aludido. Me alegré de poder dar por finalizada la controversia. Hice una cortés reverencia ante los escasos y poco sinceros aplausos y bajé del púlpito sintiéndome escocido y maltratado.

SINOPSIS

A finales del siglo XVI, la ciudad universitaria de Oxford es un hervidero de secretos, enigmas y conspiraciones. En un ambiente claustrofóbico y con un trasfondo de luchas religiosas entre protestantes y católicos, el célebre filósofo y científico Giordano Bruno inicia la búsqueda de un peligroso libro prohibido al tiempo que se ve inmerso en la investigación de una serie de crímenes atroces.
«Con una trama excelentemente urdida y un ritmo magnífico, un thriller histórico ambientado en el Oxford isabelino que combina espionaje, un asesino en serie y la búsqueda de un libro perdido que amenaza con desequilibrar el orden del mundo.»
«En esta fascinante primera novela de S. J. Parris, el famoso científico Giordano Bruno irrumpe con la fuerza de un volcán.»

YO ANTES DE TI - Jojo Moyes

Hay ciento cincuenta y ocho pasos entre la parada del autobús y la casa, pero pueden llegar a ser ciento ochenta si se camina sin prisa, como al llevar zapatos de plataforma. O zapatos comprados en una tienda de beneficencia que lucen mariposas en los dedos pero quedan sueltos en los talones, lo cual explica ese precio bajísimo de 1,99 libras. Di la vuelta a la esquina de nuestra calle (sesenta y ocho pasos) y vi la casa: un adosado de cuatro habitaciones en medio de una hilera de adosados de tres y cuatro habitaciones. El coche de mi padre estaba fuera, lo que significaba que aún no había ido a trabajar.

SINOPSIS

Louisa Clark sabe muchas cosas. Sabe cuántos pasos hay entre la parada del autobús y su casa. Sabe que le gusta trabajar en el café The Buttered Bun y sabe que quizá no quiera a su novio Patrick. Lo que Lou no sabe es que está a punto de perder su trabajo o que son sus pequeñas rutinas las que la mantienen en su sano juicio. Will Traynor sabe que un accidente de moto se llevó sus ganas de vivir. Sabe que ahora todo le parece insignificante y triste y sabe exactamente cómo va a ponerle fin. Lo que Will no sabe es que Lou está a punto de irrumpir en su mundo con una explosión de color. Y ninguno de los dos sabe que va a cambiar al otro para siempre.
Yo antes de ti reúne a dos personas que no podrían tener menos en común en una novela conmovedoramente romántica con una pregunta: ¿qué decidirías cuando hacer feliz a la persona a la que amas significa también destrozarte el corazón?

MITOLOGÍA DE NUEVA YORK - Vanessa Montfort


Vamos ahora al caso de Wanda. Ella es una mnemonista. Esto quiere decir que su memoria no tiene límites mensurables. Es capaz de memorizar tablas enteras, incluso listas de palabras sin sentido o hacer una relación completa de cómo han cambiado los precios en tres años con la subida de los impuestos incluida. Si hubiera ido a la Facultad de Matemáticas de Princeton podría haber utilizado su capacidad para las ciencias puras y haber sido un cerebro de la estadística o quizás elaborar intrincadas teorías matemáticas. En lugar de eso vive en el basurero de Wards, donde un día la encontraron tirada unos funcionarios que descargaban un camión de desechos industriales, alcoholizada por su incapacidad de olvidar. Su memoria prodigiosa y el tener presente el más exiguo detalle de su pasado la habían condenado a una infelicidad inquebrantable.
 
Wanda fue matrona y debió abrir los ojos al mundo a un diez por ciento de la población de Queens. Una vez me confesó que su recuerdo más oscuro era el llanto de un bebé mientras su madre se desangraba sin remedio sobre una mesa de operaciones. Un llanto rabioso que aún podía escuchar maldiciendo la vida a la que acababa de llegar con toda nitidez, con sus cadencias, sus pliegues y sus hipos, al tiempo que absorbía sediento las últimas gotas de aquella otra vida de la que aún colgaba como una tripa sanguinolenta. Estoy convencido de que Wanda sería capaz de reconocer los llantos de cada uno de los niños que ayudó a nacer huérfanos y descifrar lo que gritaron al mundo por primera vez. Su terror. Su culpa. Su desconsuelo. Su desesperación al rasgar la guarida líquida y querida de la placenta. Ya inservible. Ya muerta.
 
Cuando hace unos cuantos años Barry supo por un comentario de Ronald la existencia de Wanda, se empeñó en conocerla. Después de un breve encuentro en el mismo basurero donde la habían encontrado y de donde se negaba a salir, se le ocurrió encargarle catalogar todos los residuos que entraban en el arrabal y proporcionarle una caseta. Gracias a ello salió del alcohol, pero no del basurero. Desde entonces su inmensa memoria archiva todo lo que entra, sale o se quema en su jurisdicción. Cada vertido puede ser una prueba. Todo aquello de lo que nos deshacemos es un indicio. Barry siempre le toma el pelo y le dice que, en lugar de tener compartimentos estancos, tiene contenedores estancos. Pero lo que ahora Wanda tiene es una vida y considera lo que antes era su tara, un trabajo y una ciencia.

SINOPSIS


«Solo te pido una oportunidad. Esta es una apuesta a una sola mano. Si la gano yo, si logro convencerte a tiempo, no leerás una página concreta de este libro. Pero déjame jugar todas mis cartas y con mis reglas.»Así comienza a contarnos su historia Daniel Rogers, un jugador infiltrado por la policía de Nueva York en el mundo de las apuestas ilegales para investigar los macabros asesinatos de Los Hijos del Azar, una sanguinaria organización que se juega la vida de sus víctimas a los naipes. Pero los acontecimientos darán un giro inesperado cuando se cruce en su camino Laura, una pintora sin éxito llegada a Nueva York desde algún lugar de Europa con la necesidad de vivir una aventura en la Gran Manzana que cambie su vida para siempre. Entre ellos nacerá una extraña atracción cuando descubran que sus destinos están unidos por Mitología de Nueva York, una novela de asesinatos que parece estar reproduciéndose en el mundo real. A través de ese misterioso libro y con la ayuda de una serie de personajes fascinantes, comenzará una carrera vertiginosa, de intriga en intriga, para averiguar la identidad de los asesinos. Un peligroso juego donde los límites entre la ficción y la realidad amenazarán con quebrarse para siempre.