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sábado, 12 de abril de 2014

EL RUIDO DE UN TRUENO - Ray Bradbury

—Muy bien —continuó Travis—, digamos que accidentalmente matamos aquí un ratón. Eso significa destruir las futuras familias de este individuo, ¿entiende?

—Entiendo.

—¡Y todas las familias de las familias de ese individuo! Con sólo un pisotón aniquila usted primero uno, luego una docena, luego mil, un millón, ¡un billón de posibles ratones!

—Bueno, ¿y eso qué? —inquirió Eckels.

—¿Eso qué? —gruñó suavemente Travis—. ¿Qué pasa con los zorros que necesitan esos ratones para sobrevivir? Por falta de diez ratones muere un zorro. Por falta de diez zorros, un león muere de hambre. Por falta de un león, especies enteras de insectos, buitres, infinitos billones de formas de vida son arrojadas al caos y la destrucción. Al final todo se reduce a esto: cincuenta y nueve millones de años más tarde, un hombre de las cavernas, uno de la única docena que hay en todo el mundo, sale a cazar un jabalí o un tigre para alimentarse. Pero usted, amigo, ha aplastado con el pie a todos los tigres de esa zona al haber pisado un ratón. Así que el hombre de las cavernas se muere de hambre. Y el hombre de las cavernas, no lo olvide, no es un hombre que pueda desperdiciarse, ¡no! Es toda una futura nación. De él nacerán diez hijos. De ellos nacerán cien hijos, y así hasta llegar a nuestros días. Destruya usted a este hombre, y destruye usted una raza, un pueblo, toda una historia viviente. Es como asesinar a uno de los nietos de Adán. El pie que ha puesto usted sobre el ratón desencadenará así un terremoto, y sus efectos sacudirán nuestra tierra y nuestros destinos a través del tiempo, hasta sus raíces. Con la muerte de ese hombre de las cavernas, un billón de otros hombres no saldrán nunca de la matriz. Quizás Roma no se alce nunca sobre las siete colinas. Quizá Europa sea para siempre un bosque oscuro, y sólo crezca Asia saludable y prolífica. Pise usted un ratón y aplastará las pirámides. Pise un ratón y dejará su huella, como un abismo en la eternidad. La reina Isabel no nacerá nunca, Washington no cruzará el Delaware, nunca habrá un país llamado Estados Unidos. Tenga cuidado. No se salga del Sendero. ¡Nunca pise afuera!

—Ya veo —dijo Eckels—. Ni siquiera debemos pisar la hierba.

—Correcto. Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Por supuesto, quizá nuestra teoría esté equivocada. Quizá nosotros no podamos cambiar el tiempo. O tal vez sólo pueda cambiarse de modos muy sutiles. Quizá un ratón muerto aquí provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy cerca. ¿Quién lo sabe? ¿Quién puede decir realmente que lo sabe? No nosotros. Nuestra teoría no es más que una hipótesis. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, debemos tener mucho cuidado. Esta Máquina, este Sendero, nuestros cuerpos y nuestras ropas han sido esterilizados, como usted sabe, antes del viaje. Llevamos estos cascos de oxígeno para no introducir nuestras bacterias en una antigua atmósfera.

SINOPSIS

La historia es una exploración ficticia del efecto mariposa (o la “dependencia sensible en condiciones iniciales” según palabras de Edward Lorenz) a través del tópico de la ciencia ficción del viaje en el tiempo. De modo interesante, la historia precede el trabajo de Edward Lorenz por casi 10 años, mucho antes de que el término fuera acuñado y los principios entendidos por la comunidad científica. El mismo efecto ocurre en la dinámica planetaria y fue estudiado por Henri Poincaré en los años 1900, pero no bajo su nombre moderno. Estos temas son agrupados en el campo matemático de la teoría del caos. 

LAS AVENTURAS DE ARTHUR GORDON PYM - Edgar Allan Poe

El albatros es una de las más grandes y voraces de las aves de los mares del Sur. Pertenece a la especie de las gaviotas, y caza su presa al vuelo sin posarse nunca en tierra más que para ocuparse de las crías. Entre estas aves y el pingüino existe la amistad más singular. Sus nidos están construidos con gran uniformidad conforme a un plan concertado entre las dos especies: el del albatros se halla colocado en el centro de un pequeño cuadro formado por los nidos de cuatro pingüinos. Los navegantes han convenido en llamar al conjunto de tales campamentos rookery. Estas rookeries se han descrito más de una vez; pero como no todos mis lectores habrán leído estas descripciones, y como no tendré ocasión después de hablar del pingüino y del albatros, no me parece inoportuno decir algo aquí de su género de vida y de cómo hacen sus nidos.

Cuando llega la época de la incubación, estas aves se reúnen en gran número y durante varios días parecen deliberar acerca del rumbo más apropiado que deben seguir. Por último, se lanzan a la acción. Eligen un trozo de terreno llano, de extensión conveniente, que suele comprender tres o cuatro acres, situado lo más cerca posible del mar, aunque siempre fuera de su alcance. Escogen el sitio en relación con la lisura de la superficie, y prefieren el que está menos cubierto de piedras. Una vez resuelta esta cuestión, las aves se dedican, de común acuerdo y como movidas por una sola voluntad, a realizar, con exactitud matemática, un cuadrado o cualquier otro paralelogramo, como mejor requiera la naturaleza del terreno, de un tamaño suficiente para acoger cómodamente a todas las aves congregadas, y ninguna más, pareciendo sobre este particular que se resuelven a impedir la entrada a futuros vagabundos que no han participado en el trabajo del campamento. Uno de los lados del lugar así señalado corre paralelo a la orilla del agua, y queda abierto para la entrada o la salida.

Después de haber trazado los límites de la rookery, la colonia comienza a limpiarla de toda clase de desechos, recogiendo piedra por piedra, y echándolas fuera de las lindes, pero muy cerca de ellas, de modo que forman un muro sobre los tres lados que dan a tierra. Junto a este muro, por el interior, se forma una avenida perfectamente llana y lisa, de dos a dos metros y medio de anchura, que se extiende alrededor del campamento, sirviendo así de paseo general.

La operación siguiente consiste en dividir toda el área en pequeñas parcelas de un tamaño exactamente igual. Para ello hacen sendas estrechas, muy lisas, que se cruzan en ángulos rectos por toda la extensión de la rookery. En cada intersección de estas sendas se construye el nido de un albatros, y en el centro de cada cuadrado, el nido de un pingüino, de modo que cada pingüino está rodeado de cuatro albatros, y cada albatros, de un número igual de pingüinos. El nido del pingüino consiste en un agujero abierto en la tierra, poco profundo, sólo lo suficientemente hondo para impedir que ruede el único huevo que pone la hembra. El del albatros es menos sencillo en su disposición, erigiendo un pequeño montículo de unos veinticinco centímetros de altura y cincuenta de diámetro. Este montículo lo hace con tierra, algas y conchas. En lo alto construye su nido.
 
SINOPSIS
 
La única novela de Poe, que tantos y tan intensos cuentos escribió, es un verdadero friso de atrocidades: a un ritmo vertiginoso, en una atmósfera agobiante, se suceden tempestades, naufragios, hambre y canibalismo, matanzas, gritos, silencios opresores… En estas páginas obsesivas, recargadas, barrocas, no hay un momento de respiro para el lector, que se ve literalmente asediado —y acaso fascinado— por la destrucción y muerte que rezuman. Y no menos sorprendente es su misterioso final, en el que aparece esa inesperada figura velada que tenía «la perfecta blancura de la nieve». Verne no se resignó a ignorar el destino de Pym y lo imaginó en La esfinge de los hielos. 

lunes, 7 de abril de 2014

LA PIEDRA DE FUEGO - Glenn Cooper

Nadie sabe qué había antes del momento cero.

Tal vez nunca llegue a saberse; tal vez sea inconcebible y la comprensión de esta abstracción quede más allá de la capacidad de la mente humana.
 
Porque hace catorce mil millones de años, nuestro universo simplemente no existía. No existía el tiempo, el espacio, la materia, la gravedad ni la energía.
 
Sin embargo, en el momento cero, el universo tal y como lo conocemos hoy se condensó en un único punto, una fuerza unificada de un calor y una densidad infinitos e insondables. A continuación ocurrieron una serie de hechos de una potencia y una temperatura muy elevadas en un espacio de tiempo tan sumamente reducido que, en comparación, un segundo parecería una eternidad.
En el momento cero, el momento de mayor temperatura, la materia y la energía nacieron de una explosión del punto único.
 
El Big Bang.
 
Al cabo de una billonésima de una billonésima de una billonésima de una diezmillonésima parte de un segundo después del Big Bang, se crearon el espacio y el tiempo junto con toda la materia y la energía del universo. La temperatura era de cien millones de billones de billones de grados.
 
En una milmillonésima de una milmillonésima de una milmillonésima de segundo, el universo se había expandido hasta alcanzar el tamaño de la Tierra.
Tras una milésima de segundo, el universo se enfrió; su temperatura se redujo en un billón de grados y nacieron las fuerzas más básicas de la naturaleza: la gravedad, la gran fuerza que mantiene unidos los núcleos de los átomos y las fuerzas débiles y electromagnéticas.
 
Un segundo después del Big Bang, la materia ordinaria se dividió en partículas subatómicas fundamentales, incluyendo quarks, electrones, fotones y neutrinos. A continuación, surgieron los protones y los neutrones. Y fue tal vez durante este segundo cuando se creó un segundo tipo de materia muy misterioso: la materia oscura, tan esquiva que los físicos saben con absoluta certeza que existe pero no tienen una idea clara de lo que podría ser.
 
A lo largo de los siguientes trescientos mil años, el universo fue una enorme nube de gas en proceso de refrigeración. Cuando las temperaturas descendieron hasta los tres mil grados, los núcleos pudieron empezar a capturar electrones en sus órbitas y se formaron los átomos de hidrógeno y helio. Con la génesis de estos primeros átomos, el anodino y uniforme universo inició la transición hacia lo irregular. Telarañas de filamentos conectaban la materia que se acumulaba en las intersecciones. Entonces la gravedad de esas intersecciones introdujo los gases de hidrógeno en las primeras estrellas. Cuando estas se encendieron, su luz ionizó el manto de hidrógeno y permitió que el espacio se volviera completamente transparente.
 
Durante este período, la materia oscura se convirtió en la piedra angular del universo. Esta reliquia omnipresente del Big Bang era invisible y no luminosa y, sin embargo, ejercía gravedad igual que la materia ordinaria. Estaba presente en todo el universo. Allí donde existía la materia ordinaria también existía la materia oscura. Cuando se formaron las galaxias, por cada partícula de materia ordinaria había seis de materia oscura invisible.
 
Durante los primeros mil millones de años, se formaron billones y billones de estrellas así como cientos de miles de millones de inmensos agujeros negros, uno en el centro de cada galaxia.
 
Cuando las enormes estrellas primigenias agotaron sus fuentes de energía, explotaron como supernovas y liberaron unas cantidades inimaginables de radiación antes de ser arrastradas de manera catastrófica hacia unos agujeros negros infinitamente densos que absorbían la luz.
 
Y aquí es donde empieza la historia.
 
Unos ochocientos millones de años después del Big Bang, en el centro de nuestra Vía Láctea, una enorme estrella moribunda se transformó en una supernova y produjo una enorme nube de antimateria y radiación.
La antimateria colisionó con el hidrógeno y el helio existentes en la nebulosa cuando un agujero negro increíblemente grande empezaba a formarse. La unión de materia y antimateria provocó la mayor explosión que habría de experimentar jamás la galaxia, pulverizando el polvo y el gas del espacio más inmediato.
 
A medida que la galaxia se enfrió, fragmentos pulverizados de materia ordinaria y materia oscura se unieron. Casi todas estas partículas fusionadas fueron arrastradas al agujero negro, pero unas cuantas rebotaron y evitaron su límite gravitacional.
 
Así empezó el viaje de trece mil millones de años por la inmensa Vía Láctea de un fragmento perdido, un híbrido sumamente extraño de materia ordinaria y oscura.
 
Hace mil millones de años, cuando la Tierra tenía ya 3.500, el fragmento de materia entró en la atmósfera del planeta y cayó como un meteorito abrasador en una región que habría de convertirse en Egipto.
 
La piedra de fuego permaneció enterrada durante muchísimo tiempo, durante el cual la Tierra se convirtió en un planeta vivo que empezó a respirar y a rebosar de vida.
 
Con el paso del tiempo y la erosión del lecho del desierto, el fragmento acabó saliendo a la superficie y fue descubierto el año 31 d.C. por un alquimista, Nehor, hijo de Jebedías, que tenía buen ojo para los minerales extraños. Se asombró al comprobar las maravillosas propiedades de aquella roca del tamaño de un melón. Decidió partir la piedra en dos y utilizar sus características para convertirla en un cáliz. Posteriormente se dedicó a estudiar cómo aprovechar el extraño poder de la piedra.
 
Dos años después, el cáliz de Nehor llegó a manos de un predicador itinerante, llamado Jesús de Nazaret, cuando estaba sentado entre sus discípulos en Jerusalén, durante la cena de Pascua, antes de su ejecución.
 
Y Jesús murió en la cruz y resucitó. Y algunos dijeron que el cáliz desempeñó un papel importante en este acto divino.
 
Poco después de la resurrección, el cáliz se perdió.
 
Varias generaciones de exploradores se entregaron a la febril búsqueda del Santo Grial, convencidos de que su poder trascendía lo meramente simbólico y que podía albergar las grandes respuestas a las grandes preguntas.

A día de hoy la búsqueda del Santo Grial prosigue sin descanso.

SINOPSIS

Un apasionante thriller histórico ambientado en la Barcelona de Gaudí y la Barcelona actual. La mítica búsqueda del Santo Grial lleva a un joven ejecutivo apasionado por la Historia y miembro de un grupo de eruditos a embarcarse en una aventura que se originó más de dos mil años atrás, con la resurrección de Jesús...