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martes, 3 de junio de 2014

LA PROBABILIDAD ESTADÍSTICA DEL AMOR A PRIMERA VISTA - Jennifer E. Smith

En el otro extremo del salón su padre y Charlotte están prácticamente parados con los ojos fijos en ella. Pero cuando sus miradas se cruzan, su padre le sonríe con complicidad y Hadley no puede evitar sonreír también.

Esta vez, cuando toma la mano que Oliver le tiende para bailar, este tira de ella hasta que están muy juntos.

—¿Qué ha sido del baile de toda la vida? —le pregunta Hadley con la cara pegada a su hombro—. ¿No es así como bailan todos los caballeros ingleses?

Cuando Oliver contesta puede oír la sonrisa en su voz:

—Estoy trabajando en mi proyecto de investigación sobre maneras de bailar.

—¿Eso quiere decir que ahora nos toca el tango?

—Solo si te atreves.

—Ahora en serio. ¿Qué estás estudiando?

Oliver se retira un poco para mirarla.

—La probabilidad estadística de enamorarse a primera vista.

—Muy gracioso. Anda, dime la verdad.

—Es la verdad.

—Pues no te creo.

Oliver ríe y después se inclina hasta situar los labios junto al oído de Hadley.

—Dos personas que se conocen en un aeropuerto tienen un setenta y dos por ciento más de probabilidades de enamorarse que dos que se conozcan en cualquier otro sitio.

—Estás como una cabra —dice Hadley apoyando la cabeza en el hombro de Oliver—. ¿No te lo han dicho nunca?

—Pues sí —contesta Oliver riendo—. Tú, de hecho. Unas cien veces hoy.

—Bueno. Hoy ya casi se ha acabado —dice Hadley mirando el reloj dorado en la pared opuesta del salón—. Solo quedan cuatro minutos, son las once y cincuenta y seis.

—Eso significa que nos conocimos hace veinticuatro horas.

—Parece mucho más tiempo.

Oliver sonríe.

—¿Sabías que dos personas que se encuentran por lo menos tres veces en menos de veinticuatro horas tienen un noventa y ocho por ciento más de probabilidades de volver a encontrarse?

Esta vez Hadley no se molesta en llevarle la contraria. Aunque solo sea por una vez, prefiere pensar que Oliver tiene razón.

SINOPSIS



martes, 11 de junio de 2013

LA PROBABILIDAD ESTADÍSTICA DEL AMOR A PRIMERA VISTA - Jennifer E. Smith



Podía haber salido de mil maneras distintas.

Por ejemplo, si no se hubiera olvidado el libro, no habría tenido que volver a entrar corriendo en casa mientras su madre la esperaba fuera con el coche en marcha, mientras del tubo de escape salía una nube de humo que se fundía con el calor del atardecer.

O incluso antes. Si no hubiera esperado hasta el último momento para probarse el vestido, entonces se habría dado cuenta antes de que los tirantes eran demasiado largos y su madre no habría tenido que sacar su viejo costurero y convertido la encimera de la cocina en una mesa de operaciones en un intento desesperado por salvar la vida a aquel triste trozo de tela color lavanda en el último minuto.


O más tarde: si no se hubiera cortado con el papel mientras imprimía su billete, si no hubiera perdido el cargador del móvil, si no hubiera habido atasco en la carretera al aeropuerto. Si no se hubieran pasado el desvío o no se hubiera hecho un lío con las monedas en el peaje y estas no se hubieran caído debajo del asiento mientras los conductores de detrás protestaban haciendo sonar el claxon.

Si la rueda de la maleta no hubiera estado torcida.

Si se hubiera dado un poco más de prisa en llegar a la puerta de embarque.

Aunque tal vez habría dado lo mismo.

Tal vez hacer recuento de todos los retrasos de aquel día era inútil, porque si no alguna de esas, habría sido cualquier otra cosa: el tiempo en el Atlántico, lluvia en Londres, nubes que amenazan tormenta en Nueva York durante una hora antes de proseguir su camino. Hadley no cree demasiado en cosas como el destino o la fatalidad, pero lo cierto es que tampoco ha creído nunca demasiado en la puntualidad de las líneas aéreas.

Y de todas maneras, ¿cuántos aviones despegan a su hora?

Nunca en su vida ha perdido un vuelo. Ni una sola vez.

Pero cuando esta tarde llega por fin a la puerta de embarque se encuentra a los auxiliares de vuelo cerrando el acceso y apagando los ordenadores. El reloj de la pared marca las 18.48 y justo detrás de la ventana puede verse el avión como una gigantesca fortaleza de metal; por la expresión de las caras de los presentes queda claro que nadie más va a embarcar.

Ha llegado cuatro minutos tarde, lo que, bien pensado, no parece mucho; una pausa para la publicidad, el descanso entre dos clases, el tiempo que lleva calentar un plato precocinado en el microondas. Cuatro minutos no es nada. Todos los días en todos los aeropuertos del mundo hay personas que suben al avión en el último momento, jadeando cuando colocan su equipaje en los compartimentos superiores y se dejan caer en sus asientos con un suspiro de alivio mientras el aparato enfila la pista de despegue rumbo al cielo.

Pero no Hadley Sullivan, que suelta distraída su mochila mientras permanece de pie junto al ventanal, mirando al avión alejarse de la rampa con forma de acordeón, los motores de las alas rotando cuando se dirige hacia la pista de despegue sin ella.

Al otro lado del océano, su padre está haciendo el último brindis y los empleados del hotel pulen con guantes blancos la plata para el banquete de mañana. Detrás de ella, el chico que tiene el asiento 18 C para el siguiente vuelo a Londres se está comiendo un donuts glaseado, ajeno a la mancha de azúcar que este ha dejado en su camisa azul.

Hadley cierra los ojos solo un instante y cuando los vuelve a abrir el avión ha desaparecido.

¿Quién habría imaginado que cuatro minutos lo cambiarían todo?


SINOPSIS

¿Desde cuándo son puntuales los aviones a la hora de despegar?

Hadley ha llegado cuatro minutos tarde, lo que, bien pensado, no parece mucho: una pausa para la publicidad, el descanso entre dos clases, el tiempo que lleva calentar un plato precocinado en el microondas. Cuatro minutos no son nada.

Cierra los ojos solo un instante y, cuando los vuelve a abrir, el avión ha desaparecido.

Los caprichos del destino y las casualidades de la vida son el motor de esta conmovedora novela sobre lazos familiares, segundas oportunidades y primeros amores. Desarrollada a lo largo de 24 horas, la historia de Hadley y Oliver nos convence de que el amor verdadero puede aparecer en nuestras vidas cuando menos lo esperamos.