Mostrando entradas con la etiqueta Jonas Jonasson. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Jonas Jonasson. Mostrar todas las entradas

domingo, 6 de abril de 2014

LA ANALFABETA QUE ERA UN GENIO DE LOS NÚMEROS - Jonas Jonasson

Ya a los cinco años había encontrado la forma de matar el tiempo mientras cargaba y transportaba los bidones: contarlos.

–Uno, dos , tres, cuatro, cinco…

A medida que crecía, fue añadiendo dificultad a los ejercicios para que siguieran resultando estimulantes:

–Quince bidones por tres viajes, por siete que los llevan, menos uno que está sentado sin moverse porque está borracho perdido… son… trescientos catorce bidones.

Aparte de a su botella de disolvente, mientras vivió, la madre de Nombeko apenas prestaba atención a lo que ocurría alrededor, pero sí reparó en que su hija sabía sumar y restar. Durante su último año de vida, empezó a llamarla cada vez que había que distribuir un envío de pastillas de diferentes colores y distintos efectos entre las chabolas. A fin de cuentas, una botella de disolvente no es más que una botella de disolvente. Pero cuando se trata de repartir pastillas de cincuenta, cien, doscientos cincuenta y quinientos miligramos en función de los deseos y las capacidades económicas, es importante proceder a la división según las cuatro reglas de la aritmética. Y eso sabía hacerlo aquella niña de diez años. Y muy bien.

Por ejemplo: un día se encontró en presencia de su jefe inmediato, que estaba esforzándose por establecer el resumen mensual de la cantidad de bidones cargados y su peso total.

–A ver, noventa y cinco por noventa y dos –masculló el jefe–. ¿Dónde está la calculadora?

–Ocho mil setecientos cuarenta –dijo Nombeko.

–Mejor ayúdame a buscar, pequeña.

–Ocho mil setecientos cuarenta –repitió ella.

–¿Qué dices?

–Noventa y cinco por noventa y dos son ocho mil setecien…

–¿Y cómo lo sabes?

–Bueno, verá, pienso en que noventa y cinco son cien menos cinco, y noventa y dos son cien menos ocho. Si cruzas las cifras y restas la diferencia, es decir, noventa y cinco menos ocho, y noventa y dos menos cinco, siempre da ochenta y siete. Y cinco por ocho son cuarenta. Ochosietecuarenta. Ocho mil setecientos cuarenta.

–¿De dónde has sacado ese método de cálculo? –inquirió su jefe, pasmado.

–No lo sé. ¿Podemos volver al trabajo?

Entonces, la ascendieron a ayudante del jefe.

Pero, con el tiempo, la analfabeta que era un genio de los números empezó a sentir una frustración creciente, porque no entendía lo que los jefes supremos de Johannesburgo escribían en los decretos que acababan sobre la mesa de su jefe. 

SINOPSIS

Después del éxito mundial de El abuelo que saltó por la ventana y se largó, Jonas Jonasson vuelve a deleitarnos con una novela tan desenfadada como llena de sorpresas. Con su fecunda imaginación y su sentido del humor surrealista e irreverente, que no deja títere con cabeza, Jonasson ha ideado una historia trepidante que arremete contra la hipocresía de la clase política al tiempo que ilumina la cara oculta de la historia oficial.
En esta ocasión, la improbable heroína tiene su origen en el barrio de Soweto, el tristemente célebre gueto de Johannesburgo. Corren los años setenta, en pleno auge del apartheid, cuando Nombeko Mayeki, condenada a una vida de infortunio y con altas probabilidades de que ésta acabe a una edad temprana ante la indiferencia de sus semejantes, encuentra un resquicio para escapar de su aciago futuro. Dotada de un intelecto fuera de serie, e impulsada por la fuerza de un destino que ejecuta las piruetas más extrañas, el azar propulsa a Nombeko lejos de su entorno de miseria y la encarrila en un asombroso viaje en el que se topará con personajes de toda índole, desde un falso especialista en física nuclear y un par de agentes del Mossad con sed de venganza, hasta un rey de Suecia con rostro humano y una joven antisistema en permanente estado de ebullición. Así, la genial Nombeko recorrerá un insólito itinerario, repleto de emocionantes peripecias, hasta convertirse en una mujer clave para la supervivencia de la humanidad y, a la postre, descubrir su lugar en el mundo en las frías tierras escandinavas, un sitio con el que jamás se habría atrevido a soñar.

viernes, 4 de abril de 2014

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ - Jonas Jonasson

Sin embargo, no se trataba sencillamente de empaquetar a Albert Einstein y enviarlo a Moscú. Antes tenían que localizarlo. Había nacido en Alemania, pero luego se había mudado a Italia, y después a Suiza y Estados Unidos, y desde entonces no había parado de moverse de un lado a otro, por el motivo que fuese.

En ese momento estaba establecido en Nueva Jersey, aunque, según los espías, la casa donde vivía parecía deshabitada. Además, Beria prefería que lo secuestraran, a ser posible, en Europa. Sacar a famosos clandestinamente de Estados Unidos y cruzar el Atlántico tenía sus complicaciones.

Pero ¿dónde se había metido el tío ese? Casi nunca avisaba antes de emprender un viaje y su impuntualidad era legendaria.
El jefe de los espías hizo una lista de lugares en los que Einstein podía tener vínculos más o menos cercanos y destinó sendos agentes para que los vigilasen. Se trataba de la casa de Nueva Jersey y de la villa de su mejor amigo en Ginebra. Además, estaba el publicista de Einstein, en Washington, y otros dos amigos, uno en Basilea y otro en Cleveland, Ohio.

Tuvieron que esperar unos días, pero al fin llegó la recompensa en forma de un hombre de abrigo gris, guantes y sombrero. Apareció andando tranquilamente por la calle hasta la villa de Ginebra donde vivía el mejor amigo de Einstein, Michele Besso. Llamó a la puerta y fue recibido por el propio Besso y por una pareja de ancianos. El agente que estaba de guardia llamó a su colega en Basilea, a unos cuarenta kilómetros de allí, y, una vez juntos, tras mirar por las ventanas durante horas y comparar las fotos que les habían proporcionado, ambos llegaron a la conclusión de que se trataba de Albert Einstein, de visita en casa de su mejor amigo. Los ancianos debían de ser el cuñado de Besso, Paul, y la esposa de éste, Maja, que a su vez era la hermana de Albert. ¡Una fiesta familiar en toda regla!

Albert se quedó dos días en casa de su amigo, aunque bajo estricta vigilancia, hasta que finalmente volvió a ponerse el abrigo, los guantes y el sombrero y se marchó de manera tan discreta como había llegado.

Sin embargo, apenas doblar la esquina lo atacaron por la espalda y lo metieron en el asiento trasero de un coche, donde lo durmieron con cloroformo. Desde allí, a través de Austria, lo trasladaron hasta Hungría, que, como es sabido, se mostraba muy complaciente con la URSS y no hizo preguntas sobre el avión ruso que aterrizó en el aeropuerto militar de Pécs, repostó combustible, recogió a dos ciudadanos soviéticos y a un hombre soñoliento e inmediatamente volvió a despegar con destino desconocido.

SINOPSIS

Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adónde ir, se encamina a la estación de autobuses, el único sitio donde es posible pasar desapercibido. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan, sin pensarlo dos veces, se sube con la maleta, ignorante de que en el interior de ésta se apilan, ¡santo cielo!, millones de coronas de dudosa procedencia. Pero Allan Karlsson no es un abuelo fácil de amilanar. A lo largo de su centenaria vida ha tenido un montón de experiencias de lo más singulares: desde inverosímiles encuentros con personajes como Franco, Stalin o Churchill, hasta amistades comprometedoras como la esposa de Mao, pasando por actividades de alto riesgo como ser agente de la CIA o ayudar a Oppenheimer a crear la bomba atómica. Sin embargo, esta vez, en su enésima aventura, cuando creía que con su jubilación había llegado la tranquilidad, está a punto de poner todo el país patas arriba.