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lunes, 10 de marzo de 2014

ESCORIAL II - Pedro Salinas


En vez de soñar, contar.

La fachada del oeste tiene
seiscientas doce ventanas.

Por la primavera van
en su cielo, hacia el domingo
una, dos, tres, cuatro, cinco
nubes blancas.

Yo te quiero a ti, y a ti y a ti.
A tres os quiero yo.

A las doce el tiempo da
doce campanadas.

Y ya no podrá escapárseme
en las volandas del sueño
la mañana. Haré la raya
para ir sumando seiscientas
doce, más cinco, más tres,
más doce.

¡Qué felicidad igual
a seiscientas treinta y dos!.
En abril, al mediodía
cuenta clara.

jueves, 20 de febrero de 2014

LA VOZ A TI DEBIDA - Pedro Salinas

¡SÍ, todo con exceso:
la luz, la vida, el mar!
Plural todo, plural,
luces, vidas y mares.
A subir, a ascender
de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin
de tu amor, unidad.
Tablas, plumas y máquinas,
todo a multiplicar,
caricia por caricia,
abrazo por volcán.
Hay que cansar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos será el último:
¡qué vivir sin final!
Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.
Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo ni los besos.
Y al otro lado ya
de cómputos, de sinos,
entregarnos a ciegas
—¡exceso, qué penúltimo!—
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente
está
cantándonos a gritos
 fúlgidos de futuro:
 «Eso no es nada, aún.
Buscaos bien, hay más»

SINOPSIS

Con La voz a ti debida Salinas inicia una etapa en la que, con un lenguaje conceptual y contenido, dialoga tanto con la tradición como con el experimentalismo, la poesía pura y el neorromanticismo. Concebido como un solo poema continuo, relata y analiza el itinerario de una experiencia amorosa —carnal, concreta, real— desde su inicio, el desvelamiento del amor y su goce, hasta la separación y la pérdida. Un itinerario de amor que ha abierto las puertas al absoluto y que, al hacerlo, desestima en su final el victimismo, la tragedia o la desesperación.