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martes, 15 de septiembre de 2015

LA MARCA DEL DIABLO - Glenn Cooper

Igual que otros grandes astrólogos antes que él, como Balbilus de la antigua Roma, Malachy era un sabio que conocía los cielos, pero dudaba que ninguno de sus predecesores hubiera gozado de una oportunidad como esa. ¡Qué desastroso, qué catastrófico habría resultado si el cielo hubiera estado nublado!
 
¡Tenía que contemplar la luna con sus propios ojos! 
 
¡En el momento preciso debía contar las estrellas! 
 
Los eclipses lunares totales ya eran de por sí bastante inusuales, pero ¿se había producido alguna vez uno como el de aquella noche? 
 
Esa noche la Luna estaba en Piscis, su constelación sagrada. 
 
Y acababa de completar su ciclo de diecinueve años y se hundía de nuevo bajo el eclipse del sol hacia su Nodo Sur, el punto de máxima adversidad: «la Cola del Diablo», como lo denominaban los astrólogos. 
 
¡Esta convergencia de acontecimientos celestes tal vez no se hubiese producido jamás y tal vez no volviese a darse nunca! Aquella era una noche llena de prodigios. Era una noche en la que un hombre como Malachy podía crear una poderosa profecía. 
 
Ahora lo único que podía hacer era esperar. 
 
La dorada luna tardaría casi una hora en deslizarse hacia la completa oscuridad, su órbita devorada por un gigante invisible. 
 
Cuando llegase el momento, Malachy tenía que estar preparado, su mente debía estar libre de cualquier distracción. La vejiga le incordiaba, así que se levantó el hábito y dejó de contenerse, contemplando divertido cómo su orina saltaba desde el tejado hasta el jardín del Papa. Lástima que el viejo cabrón no estuviese allí, mirando hacia arriba con la boca abierta. 
 
El eclipse tapó un cuarto, la mitad, tres cuartos de la luna. Malachy apenas sentía el frío nocturno. Cuando el último resplandor lunar desapareció, se formó de pronto una penumbra, un resplandor denso y ambarino. Y entonces vio lo que había estado esperando. A través de esa penumbra brillaban varias estrellas. Ni pocas, ni muchas. 
 
Tuvo tiempo suficiente para contarlas y recontarlas una vez más para estar seguro antes de que la penumbra desapareciese. 
 
Diez. Cincuenta. Ochenta. Cien. ¡Ciento veinte! 
 
Memorizó las cifras y repitió la cuenta. 
 
Sí, ciento veinte. 
 
El eclipse empezó a desaparecer y la penumbra se disolvió. 
 
Malachy se escabulló con cuidado de regreso hacia la trampilla, bajó por las escaleras y volvió a sus aposentos, ansioso de no perder ni un instante. 
 
Una vez allí, encendió una gruesa vela y mojó la pluma en un tintero. Empezó a escribir lo más rápido que pudo. Se pasaría toda la noche escribiendo, hasta el amanecer. Lo veía con claridad, con la misma claridad con que las estrellas brillaban en el ojo de su mente. 
 
Allí, en el Palacio de Letrán, en Roma, en el seno de la cristiandad, en el hogar de su gran enemigo y del enemigo de los suyos, Malachy tuvo una lúcida e infalible visión de lo que sucedería. 
 
Habría ciento doce papas más: ciento doce papas antes del fin de la Iglesia. Y del fin del mundo tal como lo conocían.
 
SINOPSIS
 
1139. Al mirar el cielo después del eclipse, el obispo Malaquías tiene una lúcida visión de lo que va a suceder. Ciento doce estrellas brillan sobre la bóveda. Ciento doce papas desde Celestino II hasta el final de la Iglesia. Hasta que los suyos se hagan con el poder.
Roma, 2002. La joven arqueóloga Elisabetta Celestino recibe la noticia de que el Vaticano le prohíbe seguir explorando las catacumbas de San Calixto, donde se ha realizado un extraño hallazgo. Pero, años después, cuando está a punto de realizarse un nuevo cónclave para elegir el que será el papá ciento doce, unos cadáveres han aparecido en esas mismas catacumbas: hombres y mujeres que llevan siglos enterrados y que presentan una extraña anomalía genética.

lunes, 7 de abril de 2014

LA PIEDRA DE FUEGO - Glenn Cooper

Nadie sabe qué había antes del momento cero.

Tal vez nunca llegue a saberse; tal vez sea inconcebible y la comprensión de esta abstracción quede más allá de la capacidad de la mente humana.
 
Porque hace catorce mil millones de años, nuestro universo simplemente no existía. No existía el tiempo, el espacio, la materia, la gravedad ni la energía.
 
Sin embargo, en el momento cero, el universo tal y como lo conocemos hoy se condensó en un único punto, una fuerza unificada de un calor y una densidad infinitos e insondables. A continuación ocurrieron una serie de hechos de una potencia y una temperatura muy elevadas en un espacio de tiempo tan sumamente reducido que, en comparación, un segundo parecería una eternidad.
En el momento cero, el momento de mayor temperatura, la materia y la energía nacieron de una explosión del punto único.
 
El Big Bang.
 
Al cabo de una billonésima de una billonésima de una billonésima de una diezmillonésima parte de un segundo después del Big Bang, se crearon el espacio y el tiempo junto con toda la materia y la energía del universo. La temperatura era de cien millones de billones de billones de grados.
 
En una milmillonésima de una milmillonésima de una milmillonésima de segundo, el universo se había expandido hasta alcanzar el tamaño de la Tierra.
Tras una milésima de segundo, el universo se enfrió; su temperatura se redujo en un billón de grados y nacieron las fuerzas más básicas de la naturaleza: la gravedad, la gran fuerza que mantiene unidos los núcleos de los átomos y las fuerzas débiles y electromagnéticas.
 
Un segundo después del Big Bang, la materia ordinaria se dividió en partículas subatómicas fundamentales, incluyendo quarks, electrones, fotones y neutrinos. A continuación, surgieron los protones y los neutrones. Y fue tal vez durante este segundo cuando se creó un segundo tipo de materia muy misterioso: la materia oscura, tan esquiva que los físicos saben con absoluta certeza que existe pero no tienen una idea clara de lo que podría ser.
 
A lo largo de los siguientes trescientos mil años, el universo fue una enorme nube de gas en proceso de refrigeración. Cuando las temperaturas descendieron hasta los tres mil grados, los núcleos pudieron empezar a capturar electrones en sus órbitas y se formaron los átomos de hidrógeno y helio. Con la génesis de estos primeros átomos, el anodino y uniforme universo inició la transición hacia lo irregular. Telarañas de filamentos conectaban la materia que se acumulaba en las intersecciones. Entonces la gravedad de esas intersecciones introdujo los gases de hidrógeno en las primeras estrellas. Cuando estas se encendieron, su luz ionizó el manto de hidrógeno y permitió que el espacio se volviera completamente transparente.
 
Durante este período, la materia oscura se convirtió en la piedra angular del universo. Esta reliquia omnipresente del Big Bang era invisible y no luminosa y, sin embargo, ejercía gravedad igual que la materia ordinaria. Estaba presente en todo el universo. Allí donde existía la materia ordinaria también existía la materia oscura. Cuando se formaron las galaxias, por cada partícula de materia ordinaria había seis de materia oscura invisible.
 
Durante los primeros mil millones de años, se formaron billones y billones de estrellas así como cientos de miles de millones de inmensos agujeros negros, uno en el centro de cada galaxia.
 
Cuando las enormes estrellas primigenias agotaron sus fuentes de energía, explotaron como supernovas y liberaron unas cantidades inimaginables de radiación antes de ser arrastradas de manera catastrófica hacia unos agujeros negros infinitamente densos que absorbían la luz.
 
Y aquí es donde empieza la historia.
 
Unos ochocientos millones de años después del Big Bang, en el centro de nuestra Vía Láctea, una enorme estrella moribunda se transformó en una supernova y produjo una enorme nube de antimateria y radiación.
La antimateria colisionó con el hidrógeno y el helio existentes en la nebulosa cuando un agujero negro increíblemente grande empezaba a formarse. La unión de materia y antimateria provocó la mayor explosión que habría de experimentar jamás la galaxia, pulverizando el polvo y el gas del espacio más inmediato.
 
A medida que la galaxia se enfrió, fragmentos pulverizados de materia ordinaria y materia oscura se unieron. Casi todas estas partículas fusionadas fueron arrastradas al agujero negro, pero unas cuantas rebotaron y evitaron su límite gravitacional.
 
Así empezó el viaje de trece mil millones de años por la inmensa Vía Láctea de un fragmento perdido, un híbrido sumamente extraño de materia ordinaria y oscura.
 
Hace mil millones de años, cuando la Tierra tenía ya 3.500, el fragmento de materia entró en la atmósfera del planeta y cayó como un meteorito abrasador en una región que habría de convertirse en Egipto.
 
La piedra de fuego permaneció enterrada durante muchísimo tiempo, durante el cual la Tierra se convirtió en un planeta vivo que empezó a respirar y a rebosar de vida.
 
Con el paso del tiempo y la erosión del lecho del desierto, el fragmento acabó saliendo a la superficie y fue descubierto el año 31 d.C. por un alquimista, Nehor, hijo de Jebedías, que tenía buen ojo para los minerales extraños. Se asombró al comprobar las maravillosas propiedades de aquella roca del tamaño de un melón. Decidió partir la piedra en dos y utilizar sus características para convertirla en un cáliz. Posteriormente se dedicó a estudiar cómo aprovechar el extraño poder de la piedra.
 
Dos años después, el cáliz de Nehor llegó a manos de un predicador itinerante, llamado Jesús de Nazaret, cuando estaba sentado entre sus discípulos en Jerusalén, durante la cena de Pascua, antes de su ejecución.
 
Y Jesús murió en la cruz y resucitó. Y algunos dijeron que el cáliz desempeñó un papel importante en este acto divino.
 
Poco después de la resurrección, el cáliz se perdió.
 
Varias generaciones de exploradores se entregaron a la febril búsqueda del Santo Grial, convencidos de que su poder trascendía lo meramente simbólico y que podía albergar las grandes respuestas a las grandes preguntas.

A día de hoy la búsqueda del Santo Grial prosigue sin descanso.

SINOPSIS

Un apasionante thriller histórico ambientado en la Barcelona de Gaudí y la Barcelona actual. La mítica búsqueda del Santo Grial lleva a un joven ejecutivo apasionado por la Historia y miembro de un grupo de eruditos a embarcarse en una aventura que se originó más de dos mil años atrás, con la resurrección de Jesús...