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viernes, 3 de mayo de 2013

MADAME DE CHÂTELET - Adela Salvador y María Molero

Algunos textos de la correspondencia de Madame de Châtelet con algunos matemáticos (extraídos del libro Madame de Châtelet (1706-1749), Adela Salvador, María Molero, Ediciones del Orto, 2003)

Texto 59
[Correspondencia a Maupertuis; 28 de abril de 1734]


Si quiero llegar a ser geómetra, no es tanto por mí como por ser digna de usted. Sé que teniéndole como maestro no es posible hacer progresos tan mediocres, y no puedo decirle hasta que punto me siento avergonzada. […] Reconozco que siempre le deberé el privilegio de haber estudiado con el más amable y además el más profundo de los matemáticos del mundo pues me habéis dado un deseo enorme de dedicarme a la geometría y al cálculo, ya que amo el estudio con más furor que he amado el mundo, pero me he dado cuenta demasiado tarde. […] Señor, me hacéis sentir las penas y las inquietudes de la ausencia, creo siempre ver a Mme. Lauraguais haceros mil coqueterías, y temo que no seáis tan filósofo como para resistirlo.


Texto 62
[Correspondencia de Mme. de Châtelet con Maupertuis]


En fin, caballero, ya ha vuelto del otro mundo (porque no creo que Laponia forme parte de éste), me dijeron que había encontrado la tierra aplastada y no alargada.

Texto 64
[Carta a Maupertuis; 9 de mayo de 1738]


Me he aventurado a leer vuestra memoria (
Memoria de la Academia de las Ciencias) de 1734 sobre las diferentes leyes de la atracción […] pero no se suficiente álgebra para poder entenderlo todo.
Encuentro que está escrita en un francés bastante oscuro, porque en primer lugar no decís nada de por qué una atracción está en razón directa de la simple distancia, que teniendo tantas ventajas, no siga la misma ley las partes que el todo; no decís nada de por qué de la razón inversa del cuadrado de las distancias tiene esta ventaja…

Texto 65
[Carta a Maupertuis del 20 de mayo de 1738]


Os he confesado humildemente que no entendía largas frases de álgebra. Atrapo algunas palabras aquí y allá, lo que me sirve para decir cosas muy ridículas, porque cuando uno entiende las cosas a la mitad, valdría más que no las hubiera entendido en absoluto.

Texto 66
[Correspondencia con Maupertuis; 22 de mayo de 1738 sobre el premio propuesto por la Academia de Ciencias para el mejor trabajo sobre la naturaleza del fuego]


El juicio de la Academia nos ha consternado, es duro que el premio haya sido compartido y que el señor de V. no haya podido tener su parte. Seguramente este señor Euler, que ha sido premiado, es un leibniziano, y, por consiguiente, cartesiano.

Texto 72
[Carta a Bernoulli; 21 de agosto de 1741]


Tengo curiosidad por saber si le gustarán las
Instituciones de Física. Sé que no aprecia el leibnizianismo, pero espero que en recompensa le agrade la forma moderada en que hablo de la atracción. Se prepara una nueva edición de esta obra en Holanda, y quisiera que me ayudase a hacerla menos mala con sus críticas.

SINOPSIS

Libro biográfico de de Émilie du Châtelet, marquesa de Châtelet. Fue una matemática y física francesa, traductora de Newton al francés y difusora de sus teorías.
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SONIA KOVALÉVSKAYA - Adela Salvador y María Molero

Fragmento del capítulo 5 del libro autobiográfico "Recuerdos de la infancia", de Sonia Kovalévskaya (extraído del libro Sonia Kovalévskaya (1850-1891), María Molero, Adela Salvador, Ediciones del Orto, 2003)

[Capítulo 5: Mi tío Piotr Wassiliewitch]

[…] Durante mis años de infancia sentía un cariño especial hacia dos de mis tíos, uno era el hermano mayor de mi padre Piotr Wassilievitch Korvin-Krukovski. Era un señor mayor muy interesante, de estatura elevada, con una cabeza grande completamente cubierta de rizos blancos y espesos. De perfil regular y severo, con cejas grises y muy pobladas, y una arruga profunda surcando la frente de lado a lado, su rostro hubiera tenido una expresión áspera, casi dura, de no estar iluminado por una mirada tan buena y candorosa que tan sólo se encuentra en los perros de terranova o en los niños. […]


Así, a través de él oí hablar sobre la cuadratura del círculo, asíntotas y muchas cosas semejantes cuyo sentido desde luego no comprendía, pero que influían en mi fantasía y me inspiraron una especie de pasión por las Matemáticas, para mí era una ciencia superior y enigmática que revela a quienes la dominan un mundo nuevo y maravilloso al que la mayoría de los mortales no tienen acceso.

Ya que estoy hablando de estos primeros encuentros míos con las Matemáticas, no puedo dejar de recordar una circunstancia muy curiosa que contribuyó a despertar en mí un gran interés por esta Ciencia.

Cuando nos fuimos a vivir al campo, hubo que arreglar toda la casa y empapelar las paredes de todas las habitaciones. A causa del gran número de cuartos, el papel pintado no alcanzó para el cuarto de los niños; pedir papel pintado a San Petersburgo hubiese costado muchas molestias y realmente no merecía la pena encargarlo para una sola habitación. Se esperó a otra ocasión, y durante muchos años la habitación estuvo empapelada con escritos antiguos. Por casualidad se habían empleado para este empapelado provisional las conferencias litografiadas de los cursos de Ostrogradski sobre Cálculo Diferencial y Cálculo Integral, que mi padre había comprado en su juventud. Estos pliegos abigarrados de antiguas e incomprensibles fórmulas reclamaron pronto mi atención. Me acuerdo cómo de niña me quedaba parada horas enteras delante de esta pared enigmática, intentando descifrar al menos frases sueltas y descubrir el orden consecutivo que debían seguir las hojas. Esta contemplación prolongada y cotidiana acabó por grabar en mi memoria la imagen externa de muchas fórmulas, incluso el texto, que en ese momento me resultaba incomprensible, dejó una huella profunda en mi mente.

Cuando, muchos años después, tomé la primera lección de Cálculo Diferencial en San Petersburgo con el conocido profesor de matemáticas Alexander Nikoláyevich Strannoliubsky, éste se asombró al ver lo rápido que comprendía todas sus explicaciones "como si yo las hubiera sabido de antemano", fue la expresión que utilizó. Y así era, en el mismo instante en que me explicaba estos conceptos, me acordé de pronto de las paredes de mi habitación; y me parecía que desde hacía mucho tiempo el sentido de los términos, que utilizaba el profesor, me resultaba familiar.


SINOPSIS

Libro biográfico de la matemática rusa Sonia Kovalevskaya. Primera matemática rusa de importancia y primera mujer que consiguió una plaza de profesora universitaria en Europa (Suecia, 1881).
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