martes, 25 de febrero de 2014

EL TEOREMA DEL LORO - Denis Guedj

Se imponía una pregunta: «¿Quién es e?» Por su simplicidad, la respuesta les sorprendió, ¡e es un número! Así como suena. Como 1, 2 o π. Y, como este último, a diferencia de los dos primeros, su valor no se puede expresar exactamente en la escritura decimal. Léa decía: «Un número que no acaba nunca y que, además, sus decimales no se sabe cómo se comportan.» En términos duros, Léa expresaba que no solamente los decimales de e son infinitos, sino que no presentan ninguna regularidad, es decir, que no hay ningún medio de preverlos antes de haberlos calculado.
 
e = 2,718281828...
 
Se hubiesen parado ahí. Pero eso no era una historia. ¿Podían presentarse ante Ruche diciendo: «Respecto a e, bien, pues...»?
 
Para no sufrir tal humillación, los gemelos estaban dispuestos a trabajar de firme. Se repartieron el trabajo. Esto es, en un primer tiempo Léa lo hizo todo y Jonathan nada.
 
-Todo el interés de e, por así decirlo, es -habló Léa-, escucha, es una ficción, seguro. Supón que hace un año que has reunido un buen dinero que nos permitirá pagar nuestro viaje a Manaos. Llamémosle P. Tú lo has invertido esperando. Por pura chiripa, el banquero te propone un interés maravilloso: 100%. No te rías, eso sucede a veces. No con los pobres, pero sí con los ricos. ¡Sueña!
 
¡Calcula! Al cabo de un año tendrás P + P = 2P. Has doblado tu capital. Si en lugar de tocar los intereses al cabo del año los sacas a los seis meses y los vuelves a invertir, tendrás al cabo del año P(l + l/2)². ¡Calcula! Habrás más que doblado tu capital: tendrás 2,25P. Si en lugar de sacar los intereses cada seis meses, los sacas al trimestre y los reinviertes, al cabo del año tendrás P(l + l/4)4. ¡Calcula! Habrás ganado más: 2,441 P. Si los hubieras sacado y reinvertido cada mes sería: P(l + 1/12)¹². Aún más: 2,5996. Y cada día: P(l + l/365)365. ¡Y más! ¡Todos los segundos, más! Y después todas las nadas del todo, "en continuum". Ya no puedes más, vuelas, planeas, es Bizancio, tu dinero "pentuplica", centuplica, millonplica, piensas ya en tu hermanita a la que regalas la mitad de lo que has ganado, que no te importa porque al instante siguiente vas a ganar el doble. ¡Aterriza, mi pobre Jonathan! El maravilloso sueño se desvanece. Tus intereses compuestos se descomponen, cuando tocas tierra no tienes ni el triple del peculio, ni 2,9 veces más, ni 2,8 veces más, ni 2,75 ni 2,72 veces más... ¡Tienes solamente 2,718281828!... Mi pobre Jon, después de tanta riqueza hete aquí sólo e veces menos pobre que al principio! 
¡Toma!
 
Léa le tiró una moneda que él dejó caer al suelo subrayando su desilusión.
 
-Bah, eso no nos impedirá ir a Manaos.
 
-¡La historia de e es una sórdida invención de los banqueros para no arruinarse! ¡Eso no es e, es puaj!
 
-¡No desesperes! -siguió Léa-. La función exponencial es, a pesar de todo, una pequeña maravilla. ¿Recuerdas las cónicas de Apolonio que se encontraron en el movimiento de los astros? Es un poco lo mismo: la exponencial se encuentra un poco en todas partes. En la naturaleza y en la sociedad. En el desarrollo de una planta, en la extensión de una epidemia, en la evolución de una población, de la radiactividad, etc. Tengo la frase idónea: «Cuando el grado de desarrollo es proporcional al estado de desarrollo, eso huele a exponencial.»
 
-¡Cuanto más rico eres, más dinero ganas! ¡Cuanto más enfermo estás, más enfermedades coges!...
 
-¡Peor! No sólo cuanto más rico eres más dinero ganas, sino que lo ganas a mayor velocidad. ¿Cómo puedo hacer que lo palpes? Estás ante un fenómeno en pleno desarrollo; sabiendo como sé que eres curioso, vas a interesarte por el modo de crecimiento. Por ejemplo... No podemos escapar, con las matemáticas te enterarás mejor. Si el fenómeno crece como una recta, la recta «2x», por ejemplo, su crecimiento es lineal. Su derivada, remitámonos a Fermat y los demás...
 
-¡Su derivada es igual a 2!
 
-Su crecimiento es, pues, constante. Si, al contrario, el fenómeno crece como la parábola: x², su crecimiento... -Que es 2x.
 
-¡Es también creciente! Y además el crecimiento de su crecimiento, ¿me sigues?, es constante, es igual a 2. -Ante la cara de Jonathan, Léa habló con energía-: No es cuestión de arrugarse, Jon, ¡si yo llego a esto, tú también!
 
-¡No, no! ¡Yo soy Epifano y tú Hypatia! El hermano mucho menos inteligente que la hermana.
 
-¡Que acabó quemada!
-Precisamente. Prefiero ser malo en matemáticas que acabar en una hoguera.
 
-¡Siempre dramatizas! Historia de e, continuación y fin. Si, en este momento, el fenómeno crece como ex, no sólo su crecimiento es creciente, no sólo el crecimiento de su crecimiento es creciente, ¡también el crecimiento del crecimiento de su crecimiento es creciente! Y así sucesivamente... ¿Por qué?
Jonathan no preguntó por qué. Léa no se preocupó por ello. Ella había planteado una cuestión y daría la respuesta.
 
-Porque la derivada de ex es ex. Es excepcional. No le sucede más que a ella. Es la única que es igual a su derivada.
 
Léa se quedó inmóvil e hizo como el altavoz:
 
-¡Atención, atención, la función exponencial es excepcional! ¡Es la única que es igual a su derivada!
 
-Oye, ¿qué ha sido del altavoz? Llevamos mucho tiempo sin verlo.
 
-Sin oírlo, querrás decir. Con las últimas novedades, se habrá frito la membrana.
 
-Un altavoz sin membrana -exclamó Jonathan- es como una garganta sin cuerdas vocales, una oreja sin tímpano, ojos sin pupilas... y explicaciones sin dibujos.
 
El mensaje quedaba claro. Léa se vio obligada a hacer un dibujo. Lo borró.

SINOPSIS

Con El teorema del loro , el matemático y novelista Denis Guedj pone en juego todos sus conocimientos científicos para obtener una novela cautivadora: una feliz simbiosis de humor y razón pura que nos sirve en una entretenida lección de matemáticas. 

LA INTERSECCIÓN DE EINSTEIN - Samuel R. Delany

—Si pudiera decírtelo, o si lo entendieras por mis propias deducciones, perdería todo valor. Hace muchas guerras y caos y paradojas, en el tiempo de nuestros anfitriones, el fantasma que llamamos Hombre, dos matemáticos dieron fin a una época y comienzo a otra. Uno fue Einstein, que en la teoría de la relatividad definió los límites de la percepción, al expresar matemáticamente hasta qué grado la condición del observador influye en la cosa observada.

—La conozco —dije.

—El otro fue Gödel, un contemporáneo de Einstein, el primero en darnos un enunciado de precisión matemática acerca del reino que se extiende más allá de los límites de Einstein: En cualquier sistema matemático cerrado (podrías leer «el mundo real y las inmutables leyes de la lógica») hay un número infinito de teoremas verdaderos (podrías leer «fenómenos perceptibles y mensurables») que aunque estén contenidos en el sistema original no pueden deducirse de ese sistema (léase «probar con lógica ordinaria o extraordinaria»). Lo que significa que hay más cosas en el cielo y en la Tierra de las que puedes soñar en tu filosofía, Lo Lobey. Hay un número infinito de cosas verdaderas en el mundo que no pueden probarse. Einstein definió el límite de lo racional. Gödel clavó un alfiler en lo irracional y lo fijó a la pared del universo para que se quedara así un tiempo y la gente supiese que estaba allí. Y el mundo y la humanidad comenzaron a cambiar. Y lentamente fuimos arrastrados aquí, desde el otro lado del universo. Los efectos visibles de la teoría de Einstein saltaron hacia arriba en una curva convexa, enormemente productiva en el primer siglo de su descubrimiento, que se hizo luego horizontal. El producto de la ley de Godel subió arrastrándose en una curva cóncava, al principio microscópica; luego saltó e igualó la curva de Einstein, la atravesó y la dejó atrás. En el punto de intersección, la humanidad pudo alcanzar los límites del universo conocido, con naves y fuerzas de proyección que aún están disponibles para quien quiera usarlas…

—Lo Halcón —dije—. Lo Halcón hizo un viaje a los otros mundos…

—… y cuando la línea de la ley de Godel se remontó sobre la de Einstein, la nueva sombra cayó en una Tierra desierta. Los humanos se habían ido a alguna otra parte, a mundos que no son de este continuo. Llegamos nosotros, tomamos los cuerpos, las almas: cáscaras que habían quedado aquí al alcance de cualquier vagabundo. Las ciudades, en otro tiempo animados centros de comercio interestelar, se deshicieron en esa arena que ves hoy. Y una vez fueron más grandes que Molienda-del-mar.


SINOPSIS

En la Tierra ya no hay seres humanos y una banda de extraterrestres ha tomado la forma corporal de la gente desaparecida; intentado dar sentido a los artefactos humanos entre los que viven, tratan también de resucitar las tradiciones humanas. Aparecen avatares de Ringo Starr, Billy the Kid y Jesucristo junto con la figura del héroe, un músico negro que toca melodías en un machete y que es Orfeo y Teseo. La intersección de Einstein fue escrita principalmente durante un año de viajes por Francia, Grecia, Turquía e Inglaterra, y describe un futuro lejano donde las leyes físicas conocidas intersectan un mundo desconocido, maravilloso y extraño.

lunes, 24 de febrero de 2014

LÁGRIMA DE NEGRA - Antonio Gedeao

Encontré una negrita
que estaba llorando
y le pedí una lágrima
para analizarla.

Recogí la lágrima
con mucho cuidado
en un tubo de ensayo
esterilizado.

Miré de un lado,
de otro y de frente
y me pareció una gota
muy transparente.

Encargué los ácidos,
las bases y sales,
agentes usados
en asuntos tales.

Ensayé en frío,
también en caliente,
y todas las veces
hallé lo de siempre:

No hay rastro de negro,
ni signos de odio.
Agua (casi todo)
y cloruro de sodio.

LECTURAS CIENTÍFICAS

Aunque en principio el blog está dedicado a lecturas relacionadas con las Matemáticas, he decidido incluir algunas lecturas relacionadas con otras ramas de la Ciencia. 

Espero que os sigan resultando interesantes.

¡Ah! Recordad: "Un blog se alimenta de vuestros comentarios".


sábado, 22 de febrero de 2014

EL ASESINATO DEL PROFESOR DE MATEMÁTICAS -Jordi Sierra i Fabra

Nada más oírse el timbre que daba por finalizada la clase, él les dijo:
—Adela, Luc, Nico, quedaos un momento, por favor.
Los tres aludidos abrieron primero los ojos y después se miraron entre sí. El que menos, se aplastó en el asiento como si acabasen de pegarlo con cola de impacto. El resto de los alumnos se evaporó en cuestión de segundos. Algunos les lanzaron miradas de ánimo y solidaridad, otros de socarrona burla.[...]
Adela, Luc y Nico se quedaron solos. Solos con Felipe Romero, el profesor de matemáticas. El Fepe para los amigos, además del profe o el de mates, que era como se le llamaba comúnmente.
El maestro no se puso en pie de inmediato ni empezó a hablarles en seguida. Continuó sentado estudiando algo con atención. El silencio se hizo omnipresente a medida que transcurría el tiempo. Más allá de ellos, tras las ventanas, la algarada que hacían los que ya estaban en el patio subía en espiral hasta donde se encontraban.
[...]
Felipe Romero por fin dejó la hoja de papel que estaba leyendo y los atravesó con su mirada más penetrante.
—Bueno —suspiró.
Eso fue todo. Siguió la mirada. Primero en dirección a Adela. Luego en dirección a Luc. Por último en dirección a Nico. No era mal profe. Lástima que diera... matemáticas. El Fepe era el único que les llamaba por sus nombres de pila, no por el apellido. Y el único que aceptaba lo de Luc en lugar de Lucas en atención a que Lucas era un fan de Star Wars. Otros preferían apodarle el Skywalker, pero en plan burlón.
—¿Qué voy a hacer con vosotros? —preguntó en voz alta.
—¿Qué tal dejarnos ir al patio? —propuso Nico.
El profesor ignoró el comentario.
—Sabéis por qué os he hecho quedaros, ¿verdad?
—Tenemos una vaga idea —reconoció Adela.
—Sois los tres únicos de la clase que vais a suspender la asignatura.
—Pues vaya noticia —bajó la cabeza Luc.
—¿Y no os da rabia?
—Rabia sí, claro.
—No lo hacemos aposta.
—¿Qué quiere que hagamos?
Los tres hablaron al mismo tiempo.
—¿Y os resignáis? —se extrañó Felipe Romero.
—No —dijo Adela.
—Pero si no nos entra..., no nos entra —manifestó Nico.
—Ya lo intentamos, ya —aseguró Luc.
—Vamos, chicos, vamos —el profesor acabó poniéndose en pie—. No puedo creerlo. Si fuerais tontos o no dierais más de sí, lo entendería, pero vosotros tres... He visto vuestras otras notas, ¡y todas son bastante buenas por lo general! ¿Qué os pasa con las matemáticas? ¿Que no os entran? ¡Tonterías! Les habéis cogido manía y ya está. ¡Las odiáis! De acuerdo, odiadlas si queréis, pero no me digáis que no las entendéis. Es una cuestión mental. ¡Os negáis a entenderlas, que no es lo mismo!
—Que no es tan fácil, profe —dijo Luc con dolor.
—Sí lo es, Luc, y lo sabes tú como lo sabe Adela y lo sabe Nico. Todo está aquí —se tocó la frente con el dedo índice de la mano derecha—. Si quisierais, podríais, pero os limitáis a decir que no os entran, que no es lo vuestro, que si patatín y que si patatán, y ya está.
—¿Usted cree que no queremos aprobar como sea? —exclamó Nico.
—¿Sabe la bronca que me echarán mis padres? —se estremeció Adela.
—¿Y el verano que me harán pasar los míos, con profes particulares y todo ese rollo? —gimió Luc.
—¡Pues evitadlo! —gritó Felipe Romero.
Pegaron sendos brincos en los asientos.
—Chicos, chicos, ¡chicos! —el maestro se acercó a los tres y se sentó encima de un pupitre—. Las matemáticas son esenciales. Después de la lengua, lo más importante. Y que conste que soy de los pocos profes de mates que reconocen eso, porque la mayoría os dirá que lo principal son las matemáticas. Yo pienso que sin saber leer ni escribir primero decentemente, no hay matemática que valga. Pero da igual: son esenciales. Os ayudan a pensar, a racionalizar las cosas, a tener disciplina mental. ¿Vosotros leéis?
—Sí —dijo Adela—. Yo me trago todas las novelas policiacas que pillo, y casi siempre adivino quién es el asesino antes del final.
—Yo soy fan de la ciencia ficción y la fantasía —le recordó Luc—. Me leo todas las historias que encuentro.
—Y lo mío son los cómics —quiso dejarlo bien sentado Nico—. Aunque también soy bastante bueno con los videojuegos.
—¡Pues las matemáticas son como todo eso! —insistió Felipe Romero—. Una buena novela policiaca va dando pistas, como un problema de mates, y llega a un único final posible: el culpable. Y lo mismo pasa con la ciencia ficción y no digamos los videojuegos. Si tu mente es capaz de trabajar a la velocidad necesaria para llegar al final de un videojuego, es que estás capacitado para resolver cualquier problema de matemáticas.
—No es lo mismo —negó Nico.
—¡Os asesinaría! —levantó las manos al cielo—. ¡Pero mira que sois tozudos!, ¿eh? ¿Y vuestro orgullo? No dijeron nada.
—¿No os importa ser los tres únicos que suspendáis matemáticas? —siguió el profesor tratando de provocarles.
Siguió el silencio.
—¿Sabéis que pueden echarme por eso? —soltó de pronto Felipe Romero.
—¿Por qué?
—Por ser mal profesor.
—Ande ya.
—Que sí —insistió él—. Estoy en la cuerda floja. El director dice que mis métodos no son... ortodoxos. Con tres suspensos de dieciocho alumnos me la cargo. Es una sexta parte.
—No es justo.
—Díselo a Mariano Fernández.
—¿Encima quiere que nos sintamos mal porque pueden echarle? —se entristeció Adela.
—Pues sí —la pinchó.
—¡Jo! —rezongó ella.
—Mañana es el examen —les recordó sin que hiciera falta—. Por favor, estudiad esta noche, tratad de hacerlo sólo un poco bien para que pueda justificar un cinco pelado. No me vengáis con que no lo entendéis, os bloqueáis, se os queda la mente en blanco y todos esos rollos. ¡Haced un esfuerzo!
Era una bronca. Felipe Romero les hablaba con pasión y convicción. Podían entenderle. Lo malo era la realidad.
Las matemáticas no les entraban. Y punto.

SINOPSIS

Un profesor propone a sus alumnos un juego como examen para aprobar las matemáticas. El viernes por la tarde, el profesor muere, pero, antes de fallecer, comenta a sus alumnos que el sobre que hay en su bolsillo les indicará cómo buscar a su asesino. No deben fallarle... 

viernes, 21 de febrero de 2014

INFERNO - Dan Brown

—Doctora Sinskey —respondió el hombre con una extraña sonrisa—, habla usted del control de epidemias como si fuera algo bueno.

  Ella no daba crédito a lo que estaba oyendo.

  —He ahí el problema —siguió el hombre alto, como un abogado que presenta sus pruebas—. Y es usted la directora de la Organización Mundial de la Salud, lo mejor que puede ofrecer esta institución. Una idea aterradora, si uno lo piensa bien. Le he mostrado esta imagen del sufrimiento que nos espera. —Volvió a mostrar los cuerpos en la pantalla—; le he recordado el increíble poder del crecimiento incontrolado de la población mundial. —Señaló la pequeña pila de papel—; la he ilustrado sobre el hecho de que estamos al borde del colapso espiritual… —Se quedó callado y se volvió hacia ella—. ¿Y cuál ha sido su respuesta? «Condones gratis en África» —dijo en un despreciativo tono burlón—. Eso es como intentar detener con un matamoscas un asteroide que está a punto de chocar con la Tierra. La bomba de tiempo ya no hace tictac, doctora Sinskey. Ya ha estallado. Y si no tomamos medidas drásticas, la matemática exponencial se convertirá en su nuevo Dios… Y se trata de un Dios vengativo, que traerá la visión del infierno de Dante al mismo Park Avenue… Masas apiñadas revolcándose en sus propios excrementos… Un proceso de selección global orquestado por la misma Naturaleza.

  —¿Eso cree? —contestó de pronto Elizabeth—. Dígame, en su visión de un futuro sostenible, ¿cuál es la población ideal de la Tierra? ¿Cuál es el número mágico que permitiría a la humanidad sostenerse indefinidamente y en un relativo bienestar?

  El hombre alto sonrió al oír esa pregunta.

  —Cualquier biólogo o estadista medioambiental le dirá que el límite de la posibilidad de supervivencia a largo plazo se encuentra en una población de unos cuatro mil millones.

  —¡Cuatro mil millones! —exclamó Elizabeth—. Ahora somos siete mil millones, creo que ya es un poco tarde.

  Los ojos verdes del hombre relucieron intensamente.

  —¿Lo es?

SINOPSIS

En el corazón de Italia, el catedrático de Simbología de Harvard, Robert Langdon se ve arrastrado a un mundo terrorífico centrado en una de las obras maestras de la Literatura más imperecederas y misteriosas de la Historia: «Infierno» de Dante.
Con este telón de fondo, Langdon se enfrenta a un adversario escalofriante y lidia con un acertijo ingenioso en un escenario de arte clásico, pasadizos secretos y ciencia futurista. Apoyándose en el oscuro poema épico de Dante, Langdon, en una carrera contrarreloj, busca respuestas y personas de confianza antes de que el mundo cambie irrevocablemente.

jueves, 20 de febrero de 2014

CÁLCULO DE PROBABILIDADES - Mario Benedetti

Cada vez que un dueño de la tierra proclama
para quitarme este patrimonio
tendrán que pasar
sobre mi cadáver
debería tener en cuenta
que a veces
pasan.

LA VOZ A TI DEBIDA - Pedro Salinas

¡SÍ, todo con exceso:
la luz, la vida, el mar!
Plural todo, plural,
luces, vidas y mares.
A subir, a ascender
de docenas a cientos,
de cientos a millar,
en una jubilosa
repetición sin fin
de tu amor, unidad.
Tablas, plumas y máquinas,
todo a multiplicar,
caricia por caricia,
abrazo por volcán.
Hay que cansar los números.
Que cuenten sin parar,
que se embriaguen contando,
y que no sepan ya
cuál de ellos será el último:
¡qué vivir sin final!
Que un gran tropel de ceros
asalte nuestras dichas
esbeltas, al pasar,
y las lleve a su cima.
Que se rompan las cifras,
sin poder calcular
ni el tiempo ni los besos.
Y al otro lado ya
de cómputos, de sinos,
entregarnos a ciegas
—¡exceso, qué penúltimo!—
a un gran fondo azaroso
que irresistiblemente
está
cantándonos a gritos
 fúlgidos de futuro:
 «Eso no es nada, aún.
Buscaos bien, hay más»

SINOPSIS

Con La voz a ti debida Salinas inicia una etapa en la que, con un lenguaje conceptual y contenido, dialoga tanto con la tradición como con el experimentalismo, la poesía pura y el neorromanticismo. Concebido como un solo poema continuo, relata y analiza el itinerario de una experiencia amorosa —carnal, concreta, real— desde su inicio, el desvelamiento del amor y su goce, hasta la separación y la pérdida. Un itinerario de amor que ha abierto las puertas al absoluto y que, al hacerlo, desestima en su final el victimismo, la tragedia o la desesperación.

MI TÍO OSWALD - Roal Dahl

Desde Viena nos fuimos hacia el norte bajo el pálido sol de otoño en dirección a Berlín. Hacía solamente once meses que la guerra había terminado y encontramos la ciudadsumida en tinieblas y aburrimiento. Pero vivían en ella un par de personas a las que queríamos visitar, y yo estaba dispuesto a conseguir su donación por encima de todo. El primeroera el señor Albert Einstein, y en su casa de Haberlandstrasse número 9 Yasmin tuvo un agradable y triunfal encuentro con este pasmoso caballero.

—¿Cómo te ha ido? —le pregunté como acostumbraba en cuanto subió al coche.

—Ha disfrutado muchísimo —dijo Yasmin.

—¿Y tú?

—Yo no mucho —dijo—. Cerebro sí tiene, pero lo que es cuerpo. .. Prefiero ir a ver todos los días a Puccini.

—¿Quieres hacerme el favor de olvidarte del Romeo italiano?

—Lo intentaré, Oswald. Pero, verás, ocurre una cosa muy curiosa. Los cerebrales, los intelectuales, tienen una reacción diferente a la de los artistas cuando les hace efecto el escarabajo vesicante.

—¿Cuál es la diferencia?

—Los cerebrales se detienen y piensan. Tratan de averiguar qué diablos está ocurriéndoles y por qué les ocurre. En cambio los artistas no se preocupan de eso y, simplemente, se zambullen directamente en la lujuria.

—¿Cuál ha sido la reacción de Einstein?

—No podía creerlo —dijo Yasmin—. De hecho, se ha olido que había truco. Es el primero de todos ellos que ha sospechado que le habíamos hecho alguna trampa. Esto demuestra lo inteligente que es.

—¿Qué te ha dicho?

—Se ha quedado muy quieto y, mirándome desde debajo de esas cejas tan pobladas que tiene, me ha dicho: «Fräulein, aquí hay gato encerrado. Esta no es mi reacción normal cuando recibo la visita de una joven guapa..

“¿No depende de lo guapa que sea?”, le he dicho. “No, Fräulein, no depende de eso —ha dicho—. ¿Está segura de que la trufa que me ha dado no tenía más que chocolate?”. “Desde luego —le he asegurado—. Yo también me he tomado una”. Resulta que este hombrecillo diminuto, Oswald, estaba superrecalentadísimo a consecuencia de los efectos del escarabajo, pero, al igual que el amigo Freud, ha conseguido dominarse al principio. Se ha puesto a caminar arriba y abajo de la habitación murmurando: “¿Qué está ocurriéndome? Esto no es natural... Aquí pasa algo... Jamás permitiría esta clase de...”. Yo me había tendido en el sofá adoptando una actitud seductora y esperaba que él se decidiera a actuar, pero no, Oswald, no había modo. Durante cinco minutos enteros sus procesos investigadores han bloqueado totalmente sus deseos carnales o como quieras llamarlos. Casi podía oír el zumbido de sus sesos mientras trataba de entender lo que le pasaba. “Relájese, señor Einstein”, le he dicho.

Desde Viena nos fuimos hacia el norte bajo el pálido sol de otoño en dirección a Berlín. Hacía solamente once meses que la guerra había terminado y encontramos la ciudadsumida en tinieblas y aburrimiento. Pero vivían en ella un par de personas a las que queríamos visitar, y yo estaba dispuesto a conseguir su donación por encima de todo. El primero era el señor Albert Einstein, y en su casa de Haberlandstrasse número 9 Yasmin tuvo un agradable y triunfal encuentro con este pasmoso caballero.

—¿Cómo te ha ido? —le pregunté como acostumbraba en cuanto subió al coche.

—Ha disfrutado muchísimo —dijo Yasmin.

—¿Y tú?

—Yo no mucho —dijo—. Cerebro sí tiene, pero lo que es cuerpo... Prefiero ir a ver todos los días a Puccini.

—¿Quieres hacerme el favor de olvidarte del Romeo italiano?

—Lo intentaré, Oswald. Pero, verás, ocurre una cosa muy curiosa. Los cerebrales, los intelectuales, tienen una reacción diferente a la de los artistas cuando les hace efecto el escarabajo vesicante.

—¿Cuál es la diferencia?

—Los cerebrales se detienen y piensan. Tratan de averiguar qué diablos está ocurriéndoles y por qué les ocurre. En cambio los artistas no se preocupan de eso y, simplemente, se zambullen directamente en la lujuria.

—¿Cuál ha sido la reacción de Einstein?

—No podía creerlo —dijo Yasmin—. De hecho, se ha olido que había truco. Es el primero de todos ellos que ha sospechado que le habíamos hecho alguna trampa. Esto demuestra lo inteligente que es.

—¿Qué te ha dicho?

—Se ha quedado muy quieto y, mirándome desde debajo de esas cejas tan pobladas que tiene, me ha dicho: «Fräulein, aquí hay gato encerrado. Esta no es mi reacción normal cuando recibo la visita de una joven guapa..

“¿No depende de lo guapa que sea?”, le he dicho. “No, Fräulein, no depende de eso —ha dicho—. ¿Está segura de que la trufa que me ha dado no tenía más que chocolate?”. “Desde luego —le he asegurado—. Yo también me he tomado una”. Resulta que este hombrecillo diminuto, Oswald, estaba superrecalentadísimo a consecuencia de los efectos del escarabajo, pero, al igual que el amigo Freud, ha conseguido dominarse al principio. Se ha puesto a caminar arriba y abajo de la habitación murmurando: “¿Qué está ocurriéndome? Esto no es natural... Aquí pasa algo... Jamás permitiría esta clase de...”. Yo me había tendido en el sofá adoptando una actitud seductora y esperaba que él se decidiera a actuar, pero no, Oswald, no había modo. Durante cinco minutos enteros sus procesos investigadores han bloqueado totalmente sus deseos carnales o como quieras llamarlos. Casi podía oír el zumbido de sus sesos mientras trataba de entender lo que le pasaba. “Relájese, señor Einstein”, le he dicho.

SINOPSIS

Este libro recoge una época particularmente desenfrenada de la vida del legendario tio Oswald, millonario, esteta, bon vivant y un donjuán infatigable, cuya vida amatoria deja en pañales a la del mismísimo Casanova. El tío Oswald es "el mayor fornicador de todos los tiempos", afirma su sobrino y transcriptor de sus Diarios. Muy joven empieza a amasar su fabulosa fortuna: con polvo de escarabajo sudanés inventa unas píldoras de extraordinarias virtudes afrodisíacas, funda un banco de esperma y en compañía de la excitante Yasmin parten en busca de celebridades, cuyo semen congelado será adquirido a precio de oro por acaudaladas clientas, ansiosas de tener retoños con pedigree. En este peculiar safari, las aventuras picarescas, a veces escabrosas, otras delirantes, se suceden a un ritmo trepidante. Yasmin, armada con las infalibles píldoras, seduce a Stravinsky, Renoir, Picasso, Nijinski, Joyce, Freud, Einstein, Conan Doyle, Proust y a una apreciable colección de testas coronadas.

lunes, 17 de febrero de 2014

LAS PERSONAS CURVAS - Jesús Lizano

Mi madre decía: a mí me gustan las personas rectas

A mí me gustan las personas curvas,
las ideas curvas,
los caminos curvos,
porque el mundo es curvo
y la tierra es curva
y el movimiento es curvo;
y me gustan las curvas
y los pechos curvos
y los culos curvos,
los sentimientos curvos;
la ebriedad: es curva;
las palabras curvas:
el amor es curvo;
¡el vientre es curvo!;
lo diverso es curvo.

A mí me gustan los mundos curvos;
el mar es curvo,
la risa es curva,
la alegría es curva,
el dolor es curvo;
las uvas: curvas;
las naranjas: curvas;
los labios: curvos;
y los sueños: curvos;
los paraísos, curvos
(no hay otros paraísos);
a mí me gusta la anarquía curva.
El día es curvo
y la noche es curva;
¡la aventura es curva!

Y no me gustan las personas rectas,
el mundo recto,
las ideas rectas;
a mí me gustan las manos curvas,
los poemas curvos,
las horas curvas:
¡contemplar es curvo!;
(en las que puedes contemplar las curvas
y conocer la tierra);
los instrumentos curvos,
no los cuchillos, no las leyes:
no me gustan las leyes porque son rectas,
no me gustan las cosas rectas;
los suspiros: curvos;
los besos: curvos;
las caricias: curvas.

Y la paciencia es curva.

El pan es curvo
y la metralla recta.

No me gustan las cosas rectas
ni la línea recta:
se pierden
todas las líneas rectas;
no me gusta la muerte porque es recta,
es la cosa más recta, lo escondido
detrás de las cosas rectas;
ni los maestros rectos
ni las maestras rectas:
a mí me gustan los maestros curvos,
las maestras curvas.
No los dioses rectos:
¡libérennos los dioses curvos de los dioses rectos!

El baño es curvo,
la verdad es curva,
yo no resisto las verdades rectas.
Vivir es curvo,
la poesía es curva,
el corazón es curvo.
A mí me gustan las personas curvas
y huyo, es la peste, de las personas rectas.

JESÚS LIZANO

 

domingo, 16 de febrero de 2014

ÁNGULOS - Julio Mariñas

Ángulos agudos, opresores, estrechos de miras, con tendencia a cerrarse y excluir la luz.

Ángulos rectos, hieráticos en sus conceptos, tendentes a un estatismo feroz, carentes de movimiento.
Ángulos obtusos, ajenos, resbaladizos, maleables en su inestabilidad.
180 grados, linealidad máxima, sin principios ni fin, engañosos conceptos de cambio.
La suma de los ángulos de un triángulo es igual a dos ángulos rectos. Fue Blaise Pascal en el siglo XVIII. Triángulo contenedor del ojo que todo lo ve. Símbolo que encierra en su estructura la serenidad, el poder.
360 grados; y volver, volver, volver; siempre lo mismo, eterno retorno, principio y fin indescifrable. 
Los axiomas son pilares del pensamiento que permiten mil ramificaciones del saber y la deducción. Pero, a la vez, matan la espontaneidad, eliminan la creatividad pura, sus fundamentos antiguos instaurados por otros orada nuestra naturaleza única e individual.
Persistencia de la geometría euclidiana a través de los siglos. Gracias a los precursores de geometrías no euclidianas. Geometría hiperbólica, geometría elíptica. Kurt Gödel abre el abanico con su teoría de imcompletitud. Rompedor Einstein, “Todo es relativo”.
Ahora pienso en otros puntos de vista. Ejemplo: Todos los ángulos rectos son iguales. Error al axioma: Su orientación puede ser diferente, ergo, su igualdad se torna relativa. ¿Dónde estará la Rosa de los Vientos?

DÉCIMA A UN AMOR MATEMÁTICO - Alejandro J. Díaz Valero

Lo nuestro ha venido dichas sumando
mientras resta cada desavenencia
también acuerdos va multiplicando
y dividiendo toda la incongruencia.
Amor con su matemática esencia
con una aritmética progresión
elevando al cuadrado la pasión
tenemos ecuación de dos variables
en cuyo resultado incuestionable
nos da número entero sin fracción.

****

El límite en que ambos ya nos amamos
se integra todo a la variable tiempo
derivando la equis en cada encuentro
producen logaritmo al abrazarnos
y la raíz cuadrada que buscamos
con esa ternura en potenciación
nos sumerge en una radicación
de esas matemáticas alegrías
con ángulos de tu geometría
que tienen ya sobrada precisión.

****

Líneas paralelas ya no existen
en este ejercicio entre tú y yo
porque un punto en la tabla nos unió
fusión hoy que todavía persiste…
Esa trazada gráfica que hiciste
junto a la mía juntas se precisan
y en el eje de las curvas abscisas
o tal vez en el de coordenadas
hay dos líneas que están abrazadas
donde todo el valor se maximiza.

****

Es el máximo común divisor
la función que dejamos sin efecto
porque hemos acordamos en secreto
mínimo común múltiplo mejor
y en ese afán de gran calculador
ejercitado entre tu amor y el mío
no hay tiempo que permita desvaríos
porque la progresión sigue constante
y así iremos juntos en adelante
porque no habrá ya, conjunto vacío.

EL INFINITO - Mario Benedetti

De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente.

Quién iba a suponer
que segundo a segundo
cada migaja
de su pan sin límites
iba así a despeñarse
como canto rodado
en el abismo.

miércoles, 12 de febrero de 2014

EL JUEGO DE LA OCA - Fran J. Marber

—Hoy ha desaparecido una chica llamada Alejandra. ¿Cómo sabía su nombre? —le pregunté.
 
Pero ella comenzó a canturrear y a balancearse en la mecedora, acariciando tranquilamente a su felino moteado e ignorándome.
 
—Lo siento, pero si no colabora me veré obligado a detenerla —le advertí, abriendo mi chaqueta y mostrándole las esposas que colgaban de mi cinturón.
 
—¡Hazlo y esa chica morirá, bastardo! —gritó. Al hacerlo, el gato se asustó y salió despavorido.
 
Entre el grito y la espantada del animal me quedé petrificado, alumbrando con mi linterna su cara amenazante. Su ojo tuerto resplandecía como un charco de leche a la luz de la luna y sus cejas canosas se fruncieron delatando que estaba muy enojada.
 
—¡De acuerdo! Usted gana —asentí, tratando de sosegar su ánimo.
 
—No olvide nunca que es usted quien ha venido a mí. Yo estaba aquí, en mi casa, y ha sido usted el que ha perturbado mi tranquilidad.
 
—Mire, no entiendo por qué es tan importante para usted conocer mi pasado, pero si eso la hace feliz, se lo contaré. Aunque antes deberá contestar a una de mis preguntas.
 
La anciana asintió en silencio.
 
—¿Cómo sabía que constaba de nueve letras el nombre de la chica desaparecida en La Posada?
 
—El nueve, junto al siete, son los números que rigen el juego. Cada una de sus pruebas o de sus casillas está vinculada a ese número esotérico. Sesenta y tres casillas hay en el juego de la oca. Si observa, la suma de sus dos cifras, seis y tres, suma nueve. Y siete son las pruebas que superar, que multiplicado por nueve vuelve a dar como resultado sesenta y tres. Todo resulta un juego de números e imágenes como fórmula para la transición de conocimientos prohibidos que los antiguos peregrinos debían llegar a desvelar si estaban preparados para ello. Aunque solo los elegidos lograban descifrar los enigmas escondidos a lo largo del camino. El número nueve corresponde a la letra Thet y coincide con el noveno arcano del Tarot, que no es otro que El ermitaño, El iniciado. Y esto alude a la Tierra y a su fuerza telúrica sobre cuyos raíles transita el camino de la oca, el lugar donde se ocultan el siete y el nueve. Sesenta y tres casillas, es decir, siete veces nueve. Igual que las marcas de la vieira.
 
—¿La vieira? ¿Se refiere a la concha que llevan los peregrinos colgada del cuello?
 
—Sí, la misma. Esa concha refleja en realidad la pisada de una pata de oca y, si cuenta sus líneas, comprobará que también son sesenta y tres. Ni una más ni una menos.
 
Lo que contaba aquella anciana resultaba increíble, mas era cierto. Y ante esa tesitura solo se podía hacer una cosa: escuchar atentamente cada una de sus palabras. Quizá fuese la única forma de avanzar un poco en la investigación.
 
—Sobre ese largo sendero que hace las veces de tablero de juego aparecen intercaladas varias casillas de ocas —prosiguió la anciana—. Se alternan cada cinco y cada cuatro casillas, sumando de nuevo nueve, así repetidamente durante todo el recorrido. Y solo siguiéndolas con sabiduría, de oca a oca, se logra alcanzar la casilla final.
 
—Es increíble. Nunca hubiera imaginado que ese juego siguiese una estructura matemática —comenté sorprendido.

SINOPSIS

Se trata de un relato compuesto por una intrincada red de asesinatos que componen un caso sumamente misterioso ya que al parecer se encuentran relacionados a una serie de sacrificios rituales del ya antiguo y olvidado camino de las ocas, que se encuentra entre Roncesvalles y Finisterre, en la ruta francesa del Camino de Santiago.
La novela cuenta con el respaldo de la editorial Club Universitario, y ubica al lector en el relato de la aventura que experimenta su personaje principal, un joven y agudo inspector de policía al que se le ha encargado la investigación de la nueva serie de crímenes en el anteriormente nombrado camino francés, que tienen como particularidad repetir los esquemas de otros crímenes que quedaron sin resolver y datan del año 1965 ocurridos en el Camino de Santiago, y que al parecer, podrían estar estrechamente relacionados con lo que se denomina las siete pruebas rituales del juego de la oca.
Será el turno entonces del inspector de meterse en lo que es ni más ni menos que un juego sumamente peligroso que va dejando tras de si escalofriantes escenas del crimen, asesinatos que encierran profundos secretos y que forman parte seguramente de algo mucho más grande que deberá encargarse de resolver, no sin dejar de poner en riesgo su propio bienestar a medida que se va envolviendo de información relacionada a los antiguos rituales que se llevan a cabo desde siempre.


lunes, 10 de febrero de 2014

EN COMPAÑÍA DE EXTRAÑOS - Robert Wilson

Rawlinson era muy alto. Vestía traje de tres piezas gris marengo, cuello almidonado fijado con gemelos a la camisa y corbata de su centro de enseñanza, la cual, de haberlo sabido ella, le habría indicado Wellington y el ejército. Rondaba los cincuenta y tenía el cabello intacto, moreno en la parte superior, canoso en las sienes y surcado de brillantina. Sólo tenía una pierna y la prótesis que llevaba era rígida, de modo que al caminar trazaba un semicírculo con esa extremidad y tenía que apoyarse en un bastón con puño de cabeza de pato. Andrea se sentía afortunada porque, aunque su conversación fuera la cantinela penetrante de siempre, él la emprendía con el encanto de un tío que en verdad no debiera encapricharse de su sobrina pero no pudiera evitarlo.

—Dígame una cosa —le dijo—. Las matemáticas. ¿Alguna vez le ha preguntado alguien por qué matemáticas? Es interesante.

Andrea, algo borracha, se encogió de hombros. Poco preparada para la pregunta, su cerebro vacilaba. Habló con la cabeza en otra parte.

—Puedes hacer que las cosas cuadren, supongo —dijo, y se sintió estúpida y avergonzada al instante.

—No siempre, diría yo —observó Rawlinson, sorprendiéndola al tomárselo en serio, al tomársela en serio incluso a ella.

—No, no siempre, pero cuando se consigue es... bueno... tiene belleza, una inconcebible simplicidad. Como dijo Godfrey Hardy: «La belleza es la prueba. No hay lugar en este mundo para las matemáticas feas».

—¿Belleza? —preguntó Rawlinson, perplejo—. No es algo que recuerde de las clases de matemáticas. Diabólicas, más bien. Muéstreme belleza... Belleza que yo pueda entender.

—El número seis —dijo ella— tiene tres divisores: el uno, el dos y el tres, que sumados dan... seis. ¿No es perfecto? Y, visto de ese modo, ¿no resulta bello también el teorema de Pitágoras? Tan sencillo. El cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma de los cuadrados de los catetos. Cierto para todos los triángulos rectángulos jamás creados. Lo que parece terriblemente complicado puede resolverse mediante ecuaciones... fórmulas encaminadas a completar el... bueno, al menos parte del rompecabezas.

El se dio unos golpecitos en la mejilla con un dedo largo.

—¿El rompecabezas?

—Cómo funcionan las cosas —explicó ella, presa de una creciente histeria a medida que se acumulaba la banalidad.

—Y las personas —dijo él; pregunta o afirmación, no estaba segura.

—¿Las personas?

—¿Cómo cuadran las personas en la ecuación?

—En las matemáticas existen infinitas posibilidades. Todo número es un número complejo. Puede ser real o imaginario, y los reales pueden ser racionales o irracionales. Racionales como los enteros y fracciones, irracionales como el álgebra o los números trascendentales.

—¿ Trascendentales ?

—Reales, pero no algebraicos.

—Ya veo.

—Como pi.

—¿Qué me está diciendo, señorita Aspinall?

—Le hablo del modo más sencillo posible, al nivel más básico de las matemáticas, y ya hay cosas que no entiende del todo. Es un lenguaje secreto. Hay muy pocas personas que lo conozcan y puedan hablarlo.

—Eso sigue sin explicar el modo en que las personas encajan en su mundo.

—Me limitaba a demostrarle que los números pueden ser complicados del mismo modo que las personas. Y otra cosa... Yo también soy una persona, con todas las necesidades humanas normales. No siempre hablo en algoritmos.

—Los números son más estables que las personas, diría yo. Más predecibles.

—No me he cruzado con ningún número emocionado... todavía —admitió ella, sintiendo las manos enormes a los costados, batiendo como alas de albatros—, y es por eso, supongo, que es posible hacer que cuadren las cosas... de vez en cuando.

—¿Son importantes las soluciones para usted?

Andrea lo contempló durante un momento, desconcertada por el peso de entrevista que acompañaba a la pregunta. Sus ojos no se apartaron ni un milímetro de los de ella. Perdió el partido.
 
—Me gusta resolver problemas. Esa es la recompensa. Pero no siempre es posible y trabajar en pos de algo puede resultar igual de satisfactorio —dijo, sin creérselo, pero pensando que tal vez a él le complaciera. 
 
SINOPSIS
 
Lisboa, 1944. Mientras las calles de la capital bullen de espías e informadores, el final de partida de la guerra del espionaje se libra en silencio. Los alemanes disponen de tecnología y conocimientos atómicos. Los aliados están decididos a que los rumores de una rama secreta no lleguen a materializarse.Andrea Aspinall, matemática y espía, entra en el mundo sofisticado a través de una acaudalada familia de Estoril. Karl Voss, agragado militar de la Legación Alemana, ha llegado, reconcomido por su implicación en el asesinato de un Reichsminister, con la misión de salvar Alemania de la aniquilación. En la placidez letal de un paraíso corrompido, Andrea y Voss tratan de encontrar el amor en un mundo donde no se puede creer en nadie. Tras una noche de terrible violencia, Andrea queda atrapada por un secreto que le provocará adicción al mundo clandestino, y allí, en el reino helado de Berlín Este, al descubrir que los secretos más profundos no obran en manos de los gobiernos sino de los más allegados, se ve obligada a tomar la decisión más dura y definitiva.

NÚMEROS PARES, IMPARES E IDIOTAS - Juan José Millás

EL INFINITO

Laura tenía el pelo largo y la falda corta. Y quería irse lejos, muy lejos, con su pelo largo y su falda corta. Pero cuanto más deprisa huía del lunes, por ejemplo, antes volvía a encontrarse con él.

Y si recitaba el abecedario, al alcanzar la Zeta tenía que empezar por la A.

Laura quería algo que no tuviera fin para no estar regresando siempre, siempre, al punto de partida.

Entonces oyó en clase de matemáticas que los números no tenían fin. Que ni en mil años que uno viviera, ni por deprisa que contara, sería capaz de recorrer todos los números existentes. Los números carecían de límites.

Laura empezó a contar y fue alejándose del 1 con su pelo largo y su falda corta.

No se creía lo que había oído y esperaba encontrarse de nuevo con el 1 a la vuelta de cualquier número grande, lo mismo que después del domingo te vuelves a encontrar con el lunes, y después de diciembre con enero.

Pero lo cierto es que llegó al 100, donde descansó un rato y siguió contando. Al principio descansaba cada cien números, luego cada mil; más tarde cada millón.

Cuando empezó a aburrirse, estuvo a punto de contar hacia atrás para volver al 1. Pero los números, a los que les encantaba ser contados, la animaron a seguir, diciéndole que si lograba llegar al Infinito encontraría un tesoro.

Un día miró hacia atrás y se dio cuenta de que ya no se veía el 1. Miró hacia adelante y tampoco veía el Infinito. Calculó que debía encontrarse hacia la mitad y continuó contando con más ímpetu.

Entre tanto, mientras contaba y contaba y contaba, se había ido haciendo mayor con su pelo largo y su falda corta. Casi sin darse cuenta, porque su atención estaba en los números, había terminado los estudios y se había casado y había tenido una hija a la que llamó Laura, que tenía el pelo largo y la falda corta.

Pero como no prestaba atención a nada que no fuera contar, lo perdió todo -trabajo, familia, amigos- a cambio de aquel tesoro que, según los números, se encontraba en el Infinito.

Sólo su hija iba a visitarla a veces, por lástima, y le ayudaba a contar.

-Sigue tú, hija, que voy a dar una cabezada.

Y la hija del pelo largo y la falda corta continuaba contando donde la madre se había quedado. Al final, también ella se convenció de que en el Infinito había un tesoro que compensaría aquella vida de sacrificios.

-¿Pero cuánto queda para llegar al Infinito, madre?

-No podemos estar lejos, hija.

Laura murió con su pelo largo y su falda corta y su hija heredó esta manía de contar.

Contaba cuando se dirigía a trabajar.

Y en la oficina, mientras ordenaba los papeles.

Y mientras preparaba la comida.

Y mientras veía la televisión.

Y al meterse en la cama contaba uno o dos millones de ovejas para conciliar el sueño.

Un día conoció a un matemático que se enamoró de ella y se casaron.

Ella le reveló su secreto con el lado izquierdo de la boca mientras continuaba contando con el derecho y él se echó a reír.

-No hay forma de llegar al Infinito -le dijo-. No lo conseguirías ni en un millón de años que vivieras.

Entonces Laura dejó de contar y sintió una paz interna enorme. Vio con alegría que era lunes. Y le gustó que la semana acabara cada 7 días. Y que el año terminara cada 12 meses. Y que el abecedario llegara sólo hasta la Z en lugar de extenderse indefinidamente como los números.

Y tuvo un número limitado de hijos con el matemático. Y un número limitado de aniversarios con el matemático. Y un número limitado de días felices con el matemático. Pero lo bueno de que se acabaran las cosas, es que volvían a empezar. Ella misma volvió a empezar en su hija mayor, que se llamaba Laura, y tenía el pelo largo y la falda corta.

SINOPSIS

El mundo de los números es tan complicado, incomprensible y lleno de prejuicios como el de los humanos. ¿Qué pasa cuando un cuatro se parte por la mitad? Pues que, en lugar de un cuatro muerto, tenemos dos doses vivos. ¿Y si le restamos uno? Nos queda un tres acomplejado. El diez cree que es un privilegio ser el doble del cinco, pero no soporta ser la mitad de veinte, mientras que el dos con aspiraciones se pasa el día haciendo pesas en el gimnasio para convertirse en un tres.
Los números, en fin, viven en una oscuridad terrible respecto de sí mismos, y huyen de los matemáticos como de la peste, por miedo a ser sumados, restados, multiplicados, divididos. Estos originalísimos cuentos trascienden todas las divisiones convencionales de géneros y edades: Números pares, impares e idiotas es para todos los públicos, en especial para el público inteligente. La azarosa vida de los números, plasmada con sutil ironía por Millás y Forges, se convierte así en un espejo de las perplejidades de los hombres, que quizá sepan matemáticas, pero que no saben leer en sus corazones.

NOCTURNO EN LLAMAS - Elías Nandino

I

Antes de haber nacido, cuando apenas
en las galaxias era calofrío,
o sed en rotación por el vacío,
o sangre sin la cárcel de las venas;

antes de ser en túnica de arenas
un angustiado palpitar sombrío,
antes, mucho antes que este cuerpo mío
supiera de esperanzas y de penas:

ya buscaba tu nombre, tu semblante,
el disperso latir de tu vivencia,
tu mirada en las nubes esparcida;

porque, desde el asomo delirante
de mis instintos ciegos, tu existencia
era ya por mis ansias presentida.

domingo, 9 de febrero de 2014

LA CINTA DE MOEBIUS - Jesús Malia

3 o leyes de kepler y malia

imitando a tu boca
dada a la risa
giraran los planetas del sistema solar
primera ley de kepler y de malia

en ese discurrir precipitado
orbital y celeste
que es tu carne
barreras siempre igual y a cada instante
porciones semejantes de galaxia
segunda ley de kepler y de malia

y al fin comprenderas
ya casi cuarzo
que existe una razon que te recoge
del cuadrado del tiempo que es la vida
y el cubico segmento que la une al sol
tercera ley de kepler y de malia

martes, 4 de febrero de 2014

BOY (RELATOS DE LA INFANCIA) - Roal Dahl

Había en Repton unos 30 maestros o más, y la mayoría eran extraordinariamente tediosos y totalmente incoloros y no tenían el menor interés por los alumnos. Pero Corkers, un solterón excéntrico, no era ni tedioso ni desaborido. Corkers era un seductor, un hombrón desmañado de mejillas colgantes como las de un sabueso y vestimenta sucia, desaliñada. Llevaba pantalones de franela sin planchar y chaqueta parda de mezclilla llena de remiendos y con migas en las solapas. Estaba allí para enseñarnos matemáticas, pero en realidad no nos enseñaba nada y tal era deliberadamente su método. Sus lecciones consistían en una serie interminable de pasatiempos inventados por él, de tal modo que no hubiera nunca ocasión de mencionar las matemáticas. Entraba con su andar pesado en el aula, se sentaba detrás de su escritorio y miraba desafiante a la clase. Nosotros aguardábamos con expectación, preguntándonos intrigados por dónde iría a salir.

—Vamos a echar un vistazo al crucigrama del Times de hoy —decía, sacándose del bolsillo de la chaqueta un periódico todo arrugado—. Será mucho más divertido que andar enredando con los números. Detesto los números. Los números son probablemente lo más funesto que hay en el mundo.

—¿Entonces por qué enseña usted matemáticas, señor? —le preguntaba alguno de nosotros.

—Es que no las enseño —respondía él, sonriendo taimadamente—. «Simulo» enseñarlas, nada más.

Corkers copiaba la cuadrícula del crucigrama en el encerado y pasábamos el resto de la clase intentando resolverlo mientras él leía en voz alta las definiciones. Aquello nos resultaba muy ameno.

La única vez que tocó más o menos las matemáticas, recuerdo, fue el día en que se sacó del bolsillo una hoja cuadrada de papel de seda y la blandió en el aire.

—Miradlo bien —dijo—. Este papel de seda tiene una centésima de pulgada de grueso. Lo pliego una vez, haciéndolo doble. Lo pliego de nuevo, con lo que cuatriplico su grosor. Vamos a ver, daré una chocolatina grande de fruta, leche y avellanas marca Cadbury a quien sepa decirme, con una aproximación no inferior a 12 pulgadas, el grosor que tendrá si continúo plegándolo hasta 50 veces.

Todos levantamos la mano y nos pusimos a dar respuestas aventuradas con la esperanza de adivinar:

—Veinticuatro pulgadas, señor.

—Tres pies, señor.

—Cinco yardas, señor.

—Tres pulgadas, señor.

—No sois muy perspicaces, me parece a mí —dijo Corkers—. La respuesta es la distancia de la Tierra al Sol. Ése es el grosor que tendría.

Quedamos cautivados por aquel alarde de inteligencia y le pedimos que lo demostrara en el encerado, a lo que accedió él complacido.
SINOPSIS

Esto no es una autobiografía, es el relato de unas cuantas cosas que le sucedieron a Roald Dahl durante su estancia en la escuela y después de salir de ella. Algunas son divertidas. Otras tristes. Las hay desagradables. Todas son verdad. Y algunas de ellas le inspiraron para contar fantásticas, divertidas y terribles aventuras.