lunes, 27 de mayo de 2013

CHIQUITA - Antonio Orlando Rodríguez




No era fácil, a veces tardaban un año, y hasta dos, para descifrar la voluntad del Demiurgo y encontrar al nuevo elegido. Por eso a un enano llamado Jepp, quien dirigió la Orden durante un tiempo, se le ocurrió que si tuvieran una fórmula matemática que les permitiera saber con anticipación quiénes, en determinado momento de sus vidas, iban a ser convocados para sustituir a un Artífice Superior, se quitarían un peso de encima. Con esa fórmula en su poder, no tendrían que malgastar tanto tiempo y energía, podrían tener ubicados a los relevos con anticipación y ahorrarse las carreras de último momento.

Pero ¿cómo conseguir semejante fórmula? Jepp tenía la esperanza de que un matemático y astrónomo danés llamado Tycho Brahe lograra descubrirla.

—¿Ese astrónomo también era enano? —quiso saber Chiquita y recibió un rotundo no por respuesta.

—A lo largo de su historia, la Orden de los Pequeños Artífices de la Nueva Arcadia siempre ha tenido aliados y colaboradores entre las personas de estatura común —le informó Lavinia—. Como el gran duque Alejo y la reina Liliuokalani, por mencionar dos casos.

Acto seguido, Chiquita se enteró de que Tycho Brahe había sido uno de los hombres más inteligentes del siglo XVI, pero que siempre tuvo un grave problema: era muy irascible. Por ese defecto incluso perdió un pedazo de su cuerpo. Una vez, cuando tenia veinte años y estudiaba en la Universidad de Rostock, fue a una fiesta en casa de un profesor suyo y allí se encontró con otro alumno. Los dos jóvenes empezaron a discutir de matemáticas, se acaloraron y terminaron batiéndose en un duelo. Para desgracia de Tycho, su rival era tan bueno con la espada como con los números, y le arrancó la nariz de una estocada.

En un caso como ese, más de uno se hubiera hundido en la desesperación, pero Tycho Brahe se tomó el asunto con calma. Se hizo una nariz artificial con una aleación de oro y plata, a la que añadió un poco de cobre para que fuera más resistente y para darle un color parecido al de su piel. Tan bien le quedó, que había que fijarse mucho para notar que era falsa. Eso sí, a partir de entonces, adondequiera que iba llevaba una cajita con una pasta especial para pegarse la prótesis cuando se le caía.

Al notar que Chiquita daba señales de impaciencia, Lavinia interrumpió un instante su relato para hacerle una aclaración:

—¿Crees que perdí el hilo y que estoy hablando de cosas que nada tienen que ver con la Orden? Pues no es así. La nariz de Tycho Brahe es importante en esta historia y a su debido tiempo sabrás por qué.

Después de concluir sus estudios universitarios, el astrónomo viajó durante mucho tiempo por las cortes de Europa, asombrando a todo el mundo con su habilidad para predecir los eclipses y calcular las órbitas de los cometas. Hasta que un día Federico II, el rey de Dinamarca y de Noruega, le pidió que volviera a su patria. Para tentarlo, le ofreció la isla de Hven y una buena renta, y se comprometió a ayudarlo a construir el observatorio de sus sueños. A Tycho le encantó la propuesta, se fue para la isla y levantó allí un castillo al que puso por nombre La Fortaleza del Cielo, donde vivió y estudió los astros durante veinte años.

En esa época, Tycho empleó como bufón a Jepp (sin imaginar que era el Maestro Mayor de una hermandad secreta) y el enano se convirtió en su hombre de confianza. Fue entonces cuando Jepp lo convenció para que, basándose en sus observaciones de los desplazamientos de los cuerpos celestes, tratara de encontrar la fórmula que la Orden necesitaba. Tycho asumió la tarea como una cuestión de honor y durante años y años se devanó los sesos, tratando de complacer a su bufón.

Cuando Federico II murió, a Tycho Brahe no le quedó más remedio que abandonar La Fortaleza del Cielo y aceptar el puesto de Imperial Mathemalicus en la corte de Bohemia. Allí siguió haciendo cálculos y más cálculos, obsesivamente, hasta que por fin halló la fórmula (que era una cruz formada por números de tres dígitos), se la entregó a Jepp y lo enseñó a utilizarla.

Aquel descubrimiento, que el Maestro Mayor compartió enseguida con sus cuatro Artífices Superiores, les facilitó muchísimo la vida, porque a partir de ese momento pudieron localizar a los futuros miembros de la cúpula con gran antelación (en cuanto estos llegaban al mundo), interpretando más rápido la voluntad del Demiurgo.

SINOPSIS


Por detrás del afán de Chiquita en retratarse como una gran estrella siempre brillante se deslizan de a poco las sombras de la decadencia, los desengaños amorosos, la lenta relegación a las ferias de freaks, y el drama íntimo de una artista que no quiere resignarse a ser exhibida como un mero fenómeno de circo. Chiquita es la historia real de Alice Espiridiona Cenda, artista cubana que de adulta no llegó a medir más de 66cm.