sábado, 11 de mayo de 2013

EL OCHO - Katherine Neville




Sharrif iba sacando los libros de mi bolsa y ordenándolos en una pila sobre el escritorio mientras leía cuidadosamente los títulos.

- Juegos matemáticos de ajedrez... ¡ah! ¡Los números de Fibonacci! -exclamó, con esa sonrisa que me hacía sentir que tenía algo contra mí. Señalaba el aburrido librero Nim-. ¿De modo que te interesan las matemáticas? -preguntó, mirándome con intención.

- No mucho -dije, poniéndome en pie y tratando de volver a guardar mis pertenencias en la bolsa. [...]

- ¿Qué sabe exactamente de los números de Fibonacci? [...]

- Se usan para proyecciones de mercado -murmuré-. [...]

- ¿Entonces no conoce al autor? [...] Me refiero a Leonardo Fibonacci. Un italiano nacido en Pisa en el siglo XII, pero educado aquí, en Argel. Era un brillante conocedor de las matemáticas de aquel moro famoso, Al-Kwarizmi, que ha dado su nombre a la palabra "algoritmo". Fibonacci  introdujo en Europa la numeración arábiga, que reemplazó a los viejos números romanos...

Maldición. Debí haber comprendido que Nim no iba a darme un libro sólo para que me entretuviera, aun cuando lo hubiera escrito él mismo. [...]

Permanecí leyéndolo casi hasta el amanecer y mi decisión había resultado productiva, aunque no sabía con certeza cómo. Al parecer, los números de Fibonacci se usan para algo más que las proyecciones del mercado de valores. La resolución de un problema había llevado a Fibonacci a formar esta interesante sucesión de números empezando por el uno y sumando a cada número al precedente: 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21... [...] Descubrió que los cocientes entre cada término y el anterior se aproximaban al número


y que este número describía también la estructura de todas las cosas naturales que formaban una espiral.


SINOPSIS

Catherine Velis, una alta ejecutiva experta en ordenadores, se ve atrapada sin quererlo en la búsqueda de un legendario ajedrez que perteneció al emperador Carlomagno. El campeón soviético de este juego, de gira por Nueva York, le advierte que corre un grave riesgo si se empeña en encontrar las piezas, pues en ellas reside la clave de una antigua fórmula ligada a la alquimia, la masonería y los poderes cósmicos.