miércoles, 3 de abril de 2013

LA VENGANZA DEL ASESINO PAR - Reyes Calderón

Cuando mi superior, una extraña mezcla de genes franceses y modales británicos, recibió mi memorándum, el más detallado que he confeccionado nunca (era mi primer informe), me mandó llamar.

– Inspector, es posible que en España los perfiles sociológicos sean diferentes. De modo que, en aras de la precisión, algo que yo estimo casi tanto como a mi esposa, con la que sigo casado desde hace más de dos décadas, le voy a poner al día. Verá, el mapa de la población mundial toma forma de campana de Gauss. ¿Sabe de lo que le hablo? –Asentí, ya con la mosca detrás de la oreja–. En el centro, el gran segmento de la clase media; en el izquierdo, los pobres. Los ricos van en el derecho. Los investigadores dicen que la campana se está afilando, que la clase media está desapareciendo, y es una pena, porque es la que da estabilidad a una sociedad… Pero, en fin, no quiero hablar de ese asunto, sino de los extremos. Dígame una cosa, inspector: si le presento a un mendigo, ¿sabría distinguirlo de un albañil, pongamos por caso?

– Naturalmente, señor.

Me interrumpió justo cuando iba a explicarme.

– ¿Ah, sí? ¿Sabría distinguirlos a pesar de que los dos llevan la ropa llena de polvo, pronuncian obscenidades y huelen a sudor?

– Afirmativo: el albañil posee ingresos, domicilio conocido y facturas por pagar…

– Muy cierto, Iturri. Veo que domina el mundo de los suburbios. Vayamos al extremo derecho: ¿sería capaz de diferenciar entre un hombre rico y otro de clase media?

– Naturalmente, señor –repetí. La respuesta se alzaba clara en mi mente–. El rico viaja en primera clase, se hospeda en hoteles de cinco estrellas y tiene ingresos que superan un listón de, pongamos por caso, trescientos mil dólares…

Mi superior sonrió con un gesto extraño, entre duro y condescendiente, de esos que parecen decir: “Te cacé, novato, mucho antes de lo que pensaba.”

– Negativo, inspector… Eso es lo que dicen ustedes cuando quieren decir no, ¿verdad? –Asentí con la cabeza. Me ardía el estómago por la rabia–. Verá, un rico es aquel que puede hacer su santa voluntad sin depender de las decisiones de otros; a excepción de Dios, por supuesto. Si a ese tipo que ha descrito su empresa lo pone de patitas en la calle, se convierte en lo que es: un ejecutivo de tres al cuarto apuntado a las listas del paro. Si el piloto del Boeing 747 decide no salir, se queda en tierra, aunque su butaca se tumbe hasta convertirse en una cama. Y si al cliente de la habitación contigua del hotel de cinco estrellas le da por montar un numerito con tres amiguitas a las cinco de la madrugada, como mucho puede protestar en recepción. No, Iturri: un rico no viaja en primera clase, sino que tiene jet privado, posee casas por todo el mundo y contribuye con generosidad tanto a la campaña de los demócratas como a la de los republicanos. Por eso hay tan pocos… ¿Me ha entendido? ¿Ha quedado claro?

– Como el agua clara, señor.

SINOPSIS

El asesino de un crimen perfecto debe ser par.

La juez Lola MacHor recibe una carta en la que se le informa de que van a sucederse una serie de asesinatos en distintos lugares del mundo. Todas las víctimas tienen un nexo en común: participaron en una cacería humana.

El aviso de los crímenes lo hace un viejo conocido de la juez: Rodrigo, álter ego del doctor Wilson. Podría parecer que el asesino ha vuelto. Sin embargo, Wilson está encerrado en una prisión psiquiátrica de máxima seguridad en Boston desde la que es imposible cometer ningún asesinato. La juez vuela a Estados Unidos para poner fin a esta pesadilla que le persigue. Mientras, las seis víctimas elegidas van siendo asesinadas una a una.

El doctor Wilson decide legar a la doctora las actas que describen un crimen perfecto. Ella ha sido la elegida.