viernes, 5 de abril de 2013

UN TEOREMA EN LA BIBLIOTECA - Joseba Arruabarrena Lareki

Grandes estanterías repletas de libros ordenados estrictamente por orden alfabético, todos perfectamente colocados sin que uno sobresaliera del otro y una escalera para alcanzar las zonas más altas. No necesitaba mucho más. Genial. Se había metido en la biblioteca municipal.

En aquel momento buscó en sus recuerdos si alguna vez había vivido una situación similar; que la persona a la que había entregado absolutamente todo le abandonase sin mayor explicación que un triste “no puedo seguir así” y acabar buscando refugio a sus lágrimas en una biblioteca desierta en aquellas altas horas de la noche. En fin, lo mejor era pasar desapercibida. La habitación en la que estaba se volvió más grande de lo que en un principio había pensado y sus pasos empezaron a sucederse a través de las estanterías: absolutamente todos los libros estaban llenos de polvo, intactos. ¿Usaría alguien aquellos volúmenes? Empezó a leer algunos títulos para tratar de distraerse:

Philosophiae naturalis principia matemática por Isaac Newton

¿Podía ir algo peor? De todas las secciones de aquella gran biblioteca había ido a parar a la de matemáticas. No recordaba cuando había sido la última vez en la que había tomado un libro de matemáticas entre sus manos; probablemente desde sus estudios de bachiller no se había cruzado con aquella gran desconocida que era la conocida popularmente como ciencia exacta. Daba igual, todo servía para distraerse. Mientras pensaba que el colocar aquella estantería cerca de la puerta  era un método de que la gente prestara más atención a aquellas obras olvidadas por la humanidad, se dirigió con el libro en la mano hacia el fondo de la biblioteca dejando tras de sí agudos sonidos propiciados por sus altos tacones. Habiendo llegado a la mesa, la joven buscó el interruptor necesario para encender una pequeña lamparita individual en la que más de uno, enfrascado en la lectura, habría perdido la noción del tiempo antes que ella. Dudaba mucho que ese fuese a ser su caso, más cuando nuevamente leyó mentalmente el título de aquel volumen. Era una buena posición. Al menos así lo determinaba la calefacción que se encontraba detrás de ella y que secaba poco a poco su húmeda vestimenta.

“Leyes de movimientos, las leyes de Newton, el teorema del binomio de Newton, el método de las fluxiones, de quadratura curvarum,...” Por unos instantes creyó perder el conocimiento únicamente al leer la contraportada en donde permanecían impresos los títulos de los capítulos de la obra de Isaac Newton. Aquello era ridículo; eran casi las doce de la noche y allí se encontraba ella, con un tomo que no entendía entre sus manos y que leía con fluidez como si comprendiese las complejidades que en él se explicaban. Sin embargo, sin ser consciente de ello, las lágrimas de su rostro se habían desvanecido al igual que la preocupación y el sufrimiento con la que había entrado a aquel lugar.

- Tercera ley: Para toda acción hay siempre una reacción opuesta e igual. Las acciones recíprocas de dos cuerpos entre sí son siempre iguales y dirigidas hacia partes contrarias –leyó en un tono algo más alto antes de soltar una carcajada e ironizar-. Qué razón tienes Isaac, qué razón.

- ¿Una interesada en la obra de Newton a estas horas? Sorprendente –llamó alguien la atención de la muchacha frente a ella.

SINOPSIS

Este volumen recoge los doce relatos cortos que han sido finalistas o ganadores del Concurso de Relatos Cortos RSME ANAYA 2007, organizado por la Real Sociedad Matemática Española.Este libro y el concurso literario que lo ha originado no hacen más que dar continuación a la profunda relación que existe, e inevitablemente existirá siempre, entre las matemáticas y la literatura, como han puesto de manifiesto escritores como J.L. Borges, L. Carroll, P. Neruda o Italo Calvino.